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íNDICE DE CONTENIDO Nuestra
Introducción
a 'Confesiones de Fe' Nota: El
texto que sigue ha sido editado con el fin de corregir algunos errores
ortográficos, modificar varias palabras, acortar algunos
párrafos demasiado largos en varios más cortos, ampliar
algunas áreas del escrito además de
actualizar otros detalles según necesario. Iniciamos abajo el uso
de la arroba, @, para señalar ambos géneros de forma
más sencilla en lugar de la acostumbrada (a) al final
de un pronombre masculino que realmente aplique tanto al género masculino como al
femenino, a saber: "...estimad@ amig@..." La más reciente actualización ha sido hoy, 12/07/08. David Surpless - Director
A través de la
historia de
la iglesia de Cristo siempre han existido, de una forma u otra, las "Confesiones
de fe", ya que son excelentes instrumentos para resumir
y dar a conocer la fe que profesa creer una iglesia
particular
o grupo de iglesias. Al ser preguntado: "¿Y
qué
creen ustedes en su iglesia?", ya resulta ser demasiado
simplista
el responder: "Pues, creemos lo que la Biblia
enseña." Por esta
razón es
que, a través
de los siglos, unas y otras iglesias han escrito su propia
'Confesión
(declaración) de Fe' o se han identificado con alguna
previamente
escrita y aceptada con el loable fin de ofrecer, en la medida que
pueda, estabilidad y
dirección
espiritual a sus congregaciones en lo que a normas y doctrinas
bíblicas
se refiere. 'Una
Confesión de fe' es un medio por el cual
una iglesia puede resumir honestamente su creencia y práctica actual. Muchas iglesias cristianas llegan a enseñar errores a la vez que también creen y enseñan verdades. Es una extraña mezcla que da fe de nuestra gran necesidad de ser enseñados, siempre, por el Espíritu de Dios. Sin embargo, el hecho de que en algunas áreas doctrinales haya diferencias entre genuinas iglesias de Cristo jamás significará que una iglesia deba o pueda juzgar a otra como 'no-creyentes', 'enemigos de Dios' o, peor aún, 'herejes'. ¡Jamás! Lamentablemente, tales situaciones existen, sin duda. Las he vista... las he vivido. Diferencias las habrá
siempre... por
una y otra razón (vea nuestra respuesta
sobre
el tema en la sección Preguntas
y Respuestas). Ejemplo de ello es la gran
diferencia que existe entre genuinos cristianos sobre la doctrina del
bautismo,
así su modo como quiénes pueden ser bautizados. Yo,
como cristiano bautista, me sentiría más cómodo en
una iglesia que practica esta ordenanza bíblica de la manera que
mi corazón me convence es la que enseña la Biblia. A la luz de lo ya dicho,
también afirmamos que es muy peligroso –espiritualmente
hablando–
el que una iglesia dogmáticamente afirme que ella es 'confesional
en su doctrina y práctica'; es decir, que se rige por los
postulados
de una Confesión. Mi experiencia de muchos
años
me ha corroborado
que, al hacer tal reclamo, muchas iglesias –tal vez sin la
menor intención
de así hacerlo, aún más, sin darse cuenta– elevan
sus 'Confesiones' a un
sitial de mayor autoridad espiritual que la misma Biblia...
y esto
lo decimos con mucho temor y honestidad ante Dios. El
artículo que sigue le ofrecerá más detalle sobre
este particular. La autoridad
sobre la conciencia de
cada creyente le pertenece sólo a Dios a través de su santa Palabra. Quien escribe estas
líneas tuvo el privilegio y gran
responsabilidad de ser el
traductor original al español
de la Confesión de Fe de Londres de 1689.
Esa ardua tarea dio lugar –unos cuantos años después del
hecho– a que, ante mayor instrucción
espiritual por el Autor de la Biblia,
llegara
a comprender que algunos temas en dicha Confesión –la
1689, históricamente
una 'versión presbiterianizada' de la original Confesión
de Fe de Londres del 1646, forjada bajo fuertes presiones
religiosas, cívicas y políticas
de aquellos días– no se ajustaban al legítimo y requerido
lugar
bíblico
de las enseñanzas de Cristo sobre el nuevo pacto que
él
estableció en su sangre. Por 'presbiterianizada' sólo
pretendemos identificar
el modelo doctrinal denominacional / teológico reflejado en
algunas
de sus afirmaciones... no que por ello sea bueno o malo... mejor o
peor...
¡jamás! Es que la '1689' es una versión breve
de la Confesión de fe Westminster del '1646' (la
oficial
de la Iglesia
Presbiteriana y otras de ordenamiento jerárquico similar) con
algunos
ajustes o cambios para hacerla aceptable también a un
pequeño grupo
de iglesias bautistas de ese día. Cabe señalar que esas iglesias
bautistas eran las 'sucesoras históricas' del pequeño
grupo de iglesias que publicaron la Confesión del 1644,
revisada
en el 1646. [Más sobre este particular en lo que sigue de esta
introducción.] También quiero aclarar en este punto que
la Confesión original de los anabautistas no se identificaba
como 'bautista', sino sólo como la Confesión de Londres
de tal año. Verá una copia fiel al original
–traducida al espeñol– en las páginas que siguen. Es
decir, una publicación corriente de dicha Confesión yerra
al llamarla, 'Confesión bautista del año tal'.
Sólo se llamaba, 'Confesión de Londres del año'. Además, presenta un
énfasis
más bien legalista del 'día del Señor',
o del supuesto 'sábado cristiano' –refiriéndose
no al descanso espiritual en Cristo que la Biblia enseña en
Hebreos sino
a la observación del primer día
de la semana– en el cual se profesa retener lo 'santo del día
séptimo'
así como diversos requerimientos y prohibiciones para su
observación
procedentes
del pacto antiguo, los diez mandamientos mosaicos. "Sobrellevad los
unos las cargas de los otros, A
modo de clarificación,
con la frase
"parte de la premisa", arriba, ni afirmamos ni insinuamos que los
autores
de dicha Confesión tuviesen como fin específico
el
perpetuar una perspectiva teológica tocante a los pactos de
Dios, una
contra la otra. Hasta donde conocemos la historia de la iglesia y las Confesiones
de fe,
en ese momento histórico no existía un debate
sobre
los pactos, a saber, el pacto antiguo contra el nuevo o el nuevo contra
el antiguo. De existir, no era un debate abierto o contencioso. Sus
pruebas mayores eran las de persecución religiosa de parte de
los gobernantes, y en medio de tales pruebas querían darse a
conocer mediante sus 'Confesiones de fe'. Con dichas
palabras sólo significamos que las expresiones en dicha
'Confesión'
tocantes a la implementación de la ley de Dios entre los hombres
–así como todas sus ramificaciones– reflejan sus convicciones y
creencias en ese momento particular, siendo éstas su
'premisa'. Y esa premisa expresada es en
el sentido de que los 10
mandamientos eran y siguen siendo la 'ley eterna de Dios' a la cual
la iglesia ha de someterse.
Premisa que reta la enseñanza bíblica, además de
ser una de profundo peligro para la fe del cristiano y la
función de la iglesia de Cristo sobre el único fundamento
de 'la ley de Cristo'. Y es claro que, por las
razones que
hayan sido, los bautistas que Sólo
afirmamos lo obvio: la teología allí plasmada reflejaba
[y refleja aún]
que, para
ellos, la ley de Moisés, a saber, los diez mandamientos en
tablas de
piedra
dados en el Sinaí, aún seguían vigentes como
'la ley' sobre la iglesia. Parte de su razonamiento o lógica
para tal aseveración es que definen los 10 mandamientos, o el
pacto en tablas de piedra, como la ley eterna
de Dios, calificativo o
descripción que Dios
mismo jamás le
da en toda la Biblia. NO ES
TERMINOLOGÍA BÍBLICA. En ésto, los bautistas
participantes tomaron una
posición contraria a sus hermanos predecesores que forjaron la
'Confesión de Londres de 1644'(46), la que comunica una
muy clara perspectiva
doctrinal cristológica, bautista. Afirmamos que tal
noción expresada en la
'Confesión 1689' por las mismas 7 iglesias es
diametralmente contraria a las Escrituras reveladas y así lo
afirmamos con todo el debido respeto hacia quienes ven el 'pacto
antiguo'
como la 'eterna ley de Dios' en vez de lo que es: 'el pacto antiguo' YA CADUCADO. Lo hacemos
con un genuino y profundo sentido del amor de Cristo que obra en
nosotros por causa de Su gracia. Es ese amor que nos motiva a "contender por la fe una vez dada a los santos". Entienda el lector –reafirmando lo declarado en las anteriores líneas– que dicho énfasis no surge de declaraciones específicas que nombren uno que otro pacto sino de premisas dadas por sentadas en las cuales ciertos preceptos, que sólo tuvieron legitimidad según formaron parte del pacto antiguo, son afirmados como vigentes en la iglesia de Cristo y, por ende, aplicables como normas espirituales rectoras de la fe y práctica del creyente en la iglesia de Cristo de hoy. Dado
el caso de que ya
existe en nuestra
lengua la publicación de esta última 'Confesión'
[1689], hemos creído prudente –además de muy
necesario–
el poder facilitar a los cristianos hispanohablantes que así lo
deseen una copia
de
la original Confesión de Fe de Londres del 1644
['46] [Confesión
doctrinal de un pequeño grupo de siete iglesias bautistas
en Londres],
proveyéndoles, así, la oportunidad de comparar las
afirmaciones
doctrinales de ambas a la luz de las santas Escrituras de
Dios. La
Palabra de Dios es la única
autoritativa e
infalible regla de fe y práctica para el cristiano. Es la Palabra
de Dios, a fin de cuenta, la única autoritativa
e infalible regla de fe y
práctica para el
cristiano;
de ahí que cada creyente, como persona individual ante Dios,
tiene responsabilidad total y personal de estudiar la Biblia por
sí
mism@
e interpretarla bajo la única y exclusiva dirección del
Espíritu
de Dios. Los 'dones' a la iglesia [Efesios 4:8-13]
son dados como instrumentos de ayuda en el proceso de conocer
la
Palabra; mas, no tenga duda alguna: la obra que nos lleva a creer y
sentir
convicción en el corazón sólo procede del
Espíritu
de Dios; él solo enseña la Biblia, la Palabra de
Dios,
pues es ésta la única fuente de autoridad divina
sobre la
vida y fe del creyente... él es la única Autoridad Legítima, ¡no
meramente de palabra sino de hecho! Le invito, así como ya hice
más arriba, a leer otra vez el
párrafo anterior. Mi oración a Dios es que Ud. pueda
comprender, a través de esta introducción, la gran diferencia entre 'establecer y defender la fe' en
base a lo escrito en un documento humano, entiéndase,
'Confesión de fe' o en base a la
única y exclusiva fuente de Verdad eterna, la santa Biblia.
No comprender la diferencia es una camino de peligro espiritual que
siempre conducirá, sin falta, a la caída y al desastre
espiritual... y a veces, lamentable, el desastre moral. Y es que hay
relación entrambos. Por buenas que sean,
las 'Confesiones' nunca tuvieron, no tienen ni han de tener
autoridad divina
sobre
las almas, a pesar de los reclamos al contrario de parte de
personas
sinceras
que se atreven afirmar por escrito que una 'Confesión de fe'
ofrece
a los miembros de una iglesia local "la certeza de la ortodoxia de
su profesión". Así reza en su introducción un Comentario
sobre la Confesión del 1689
que tengo en mi
biblioteca. Cada vez que leo dichas aseveraciones, no ceso de
asombrarme y preguntarme: ¿Cómo puede un pastor cristiano
decir tales cosas? ¿De veras que así lo cree, o es un
acomodo al círculo eclesial en que se mueve? Él conoce la
respuesta... y Dios también. En la práctica, esto implica
que las dogmas escritas en tal o cual Confesión son las
normas
por
las cuales se examina y se determina que una creencia o
práctica
sea ortodoxa [entiéndase bíblica o de acuerdo a la
sana práctica y fe doctrinal] o no. Y debe ser
todo lo contrario, a saber, que lo
resumido en una Confesión sea examinado a la luz de la Palabra
de
Dios
para asegurar su ortodoxia o falta de la misma.
La genuina fe cristiana
se basa SÓLO en la Palabra; las
sectas descansan en una mezcla
de fuentes tradicionales de carácter humano. Y con el nombre, 'sectas', me refiero también a las que se consideran 'cristianas'. Lo
resumido en una Confesión ha de ser
examinado a la luz de la Palabra de Dios. Después de todo,
una 'Confesión'
es un intento humano por resumir en pocas palabras la Verdad de
Dios
enseñada en la Biblia según la entienden
sinceramente
quienes se ocupan en su confección. La palabra
final,
autoritativa siempre residirá en la Palabra viva de Dios;
es élla la única fuente que
establece
y asegura la "certeza
de la ortodoxia de la profesión de fe de un cristiano" [una cita
del Comentario sobre la 1689 ya mencionada]. ¡Afirmar
lo contrario es resistir a Dios
mismo! Declarar
o escribir que una "Confesión" –sea cual sea– establece
el criterio de lo ortodoxo de la fe es afirmar, sin discimulo alguno,
que
dicho documento es la fuente final en lo que a las verdades
expresadas
en su contenido respecta.
Negar esa realidad es pretender "tapar el cielo con la mano"
–como decimos aquí en Puerto Rico– aunque quien así haga
no comprenda, por causa de la sinceridad de sus motivos, que
esté errando de tal manera. Nada más considere esta
posibilidad: 'Que
las iglesias que, hoy día, escriban su propia confesión
de
fe –acción totalmente legítima según más
adelante le indicaremos– afirmaran, en años futuros,
que dicha
Confesión es el documento que establece la fe y ortodoxia de sus
iglesias! Usted me dirá: "¡Eso es
imposible; sería algo terrible! ¿Cómo
podría una
iglesia colocar en tal lugar de autoridad doctrinal a un documento que
ellos mismos confeccionaron?" Su asombro... su pregunta
tendría toda
la razón. ¿Cómo
podría una
iglesia colocar en tal
lugar de autoridad doctrinal un documento que ellos mismos han escrito? Sin embargo, eso mismo es lo que muchos defensores de las viejas Confesiones de fe están haciendo hoy día, comprobado en las primeras páginas del comentario arriba señalado. ¡Lo ortodoxo se confirma con documentos escritos por seres humanos [como nosotros] de hace varios siglos! Es decir: La reacción de asombro, o aún repudio, sería para iglesias de hoy día que, en pocos años, se atrevieran afirmar que sus declaraciones de fe han venido a ser rectoras de su ortodoxia, mas no así para las iglesias locales que escribieron muchas versiones de su confesión en el siglo 17. ¡No! ¡Esas confesiones no son ni pueden ser nuestra ayuda y guía en el camino de la ortodoxia! No eran rectoras de la fe de quienes las escribieron sino sólo expresiones públicas de su fe que descansaba en la Palabra inspirada. ¡Dichosa inconsistencia! O la Biblia sola establece los
criterios de
la ortodoxia en una iglesia o el hombre falible acepta que su
mente y
corazón
se rigen doctrinalmente por lo que escribieron unos pocos seres humanos
falibles antes del 1646 y 1689 o después
[¡Sí; hubo muchísimas versiones de estas
confesiones, prueba de la falibilidad y total humanidad de esos
cristianos!]. Pero, hablando de la Biblia... ¡Hay
una sola; Y no cambia! Afirmar
que una
Confesión de fe establece
la ortodoxia de la profesión de fe en Cristo es una asombrosa y trágica admisión. Y, tales iglesias
jamás podrán esconder el hecho de que su práctica
y fe, aunque abiertamente afirmada como que descansa en
la Palabra de Dios,
realmente se mide, rige, examina, evalúa, legitima, etc., a la
luz de la Confesión de fe que han aceptado como su
'guía'. ¡Y
tanto que se critica a
las sectas por ser
éstas religiones que no andan según la Palabra de Dios!
¡Tanto que se ha criticado a la iglesia católica romana
por su uso de 'tradiciones y costumbres! Sepa usted, estimad@
lector@ de estas líneas que, cualquier doctrina que no surja
100% de las Escrituras no es según el evangelio de Cristo. Si es
necesario manipular textos con el fin de crear la apariencia de
armonía textual, algo anda mal. No quiero decir por ello que
todo en la Biblia es fácil de entender. ¡No! Por el
contrario, hay mucho que es difícil. Poco antes de la cita ya
ofrecida arriba, el mismo libro también afirma en su
introducción que: "Las confesiones son un medio legítimo
para que la Iglesia cumpla su tarea como 'columna y baluarte de la
verdad'" [énfasis subrayado nuestro]. ¿Comprende Ud.
el grave error de tal afirmación? Esa
'columna y baluarte de la Verdad' eterna
de Dios, la verdadera
iglesia de Cristo, jamás dependerá de cuán fieles
sigamos los postulados de un documento humano, sea cual sea. ¡Es imposible! O
es la
Palabra inspirada de Dios el fundamento de esa columna y baluarte de la
verdad, la iglesia de Cristo, o no existe tal fundamento o base para la
fe.
La Verdad de Dios en su iglesia no comparte
ni
depende de documentos humanos para establecer y fortalecer esa
'columna y baluarte de la verdad'.
Ella
lo es de por sí sola, sin nuestra ayuda o apoyo. Afirmar lo
contrario es algo tan asombroso e increíble que no deja de
chocarnos. ¿Cómo puede un cristiano razonar así? Uno se pregunta:
¿Qué pensaba el autor de esas
palabras cuando las escribió? Realmente pienso que no
sabía lo que decía. Quiera Dios iluminarle antes de
partir a la eternidad para que tenga ocasión de rectificar
y retirar tales afirmaciones tan vacías de fundamento
bíblico. La
Verdad de Dios en su iglesia no comparte
ni depende de documentos humanos para ser columna y baluarte de la Verdad. Si hay verdades declaradas
en las Confesiones (la 1646, 1689, etc.) –y las hay– son verdad porque
la Biblia lo dice así... no porque fueron
incluídas en dichos documentos humanos. Es el
Espíritu de Dios que mora en la
iglesia de Cristo quien nos ayuda a ser esa "columna y baluarte de la
verdad" eterna de Dios. Algunos
líderes religiosos han perdido
su norte espiritual en estas cosas; y es tiempo de que vuelvan
a 'tirarse de cabeza y corazón' dentro de sus Biblias,
echando a
la basura,
de ser
necesario,
sus amados libros, comentarios y confesiones para que sean iluminados
en la luz divina que al principio los
condujo a Cristo. Que lo
tengan todo 'por
estiércol' por conocer
otra vez –¡o quizás por primera vez!– la Verdad de Cristo. No son pocos los
líderes cristianos –sean pastores o no– que he conocido a
través de los años quienes dejan ver, en lo que
dicen y en sus actitudes, que la cuantía de libros en su
biblioteca pastoral es causa de orgullo personal... como si fueran
indicadores de cuán conocedores son, o cosas así
parecidas. Yo tengo muchos comentarios. No tengo porqué
esconderlo. Mas, NO son la base de mi fe y convicciones. La doctrina
que creo no se nutre de esas fuentes. Me informan, así como
cuando escucho una prédica de un siervo de Dios. Pero, la fuente
de Verdad no está en ellos. Esa Fuente es la Palabra eterna.
¡No hay otra! Podría éste
vaso de barro citar ejemplo tras ejemplo de lo que afirmo arriba sobre
las Confesiones de fe humanas, mas, no cabría en
estas páginas lo que podría compartir con ustedes sobre
el tema. Sin embargo, consideremos el siguiente ejemplo con
referencia a 'la eterna ley de Dios' o la supuesta 'ley moral' de
Dios... En
la Confesión de
1689 se declara en el capítulo sobre 'la ley de Dios' que, 'la
ley puesta por Dios en el corazón de Adán fue declarada
luego en el Sinaí: los diez mandamientos'. Luego hay incisos
que
afirman que esa ley fue dividida en dos principales
categorías:
una 'moral' y la otra 'ceremonial'. En mi experiencia he visto
que muchísimos creyentes escuchan esos términos y ni
siquiera se les ocurre preguntar: '¿De dónde surgen
estas
categorías... de la Biblia? Quienes han preguntado ante tal
inquietud de espíritu habrán recibido la respuesta
general: "Son establecidas en la 'Confesión de fe' tal o
cual y las
aceptamos como buenas deducciones lógicas." ¡Oh, claro que
sí! Aceptadas no porque la Biblia las
enseñe como tal
sino porque la Confesión oficial las declara de esa manera.
Son
muchos los 'maestros' que darán cuenta a Dios por perpetuar
tales conceptos no bíblicos dentro de la iglesia de Cristo.
¿Habrán olvidado que las ovejas le pertenecen a Cristo y
que él las cela con amor eterno? Dada la realidad de las
declaraciones de este documento de hombres Lo
que aseguran ser 'Verdad de Dios'
sólo es garantizado como tal por este documento humano y no por la Biblia. Cuando traduje por primera
vez ese documento histórico, era un joven inmaduro en
mi conocimiento espiritual. Dios se tomó algunos años
para abrir mi espíritu a la realidad de que esas afirmaciones
que cité arriba sólo existen en documentos y libros de
origen humano, y que la Biblia enseña todo lo contrario.
¿Acaso no nos asegura la Biblia que Dios estableció "su
pacto, las diez palabras" con aquellos padres allá en el
Sinaí? ¡Claro que sí! Y, en cuanto a las
categorías de ley: ¿Dónde
nos enseña la
Biblia que Dios estableció un grupo de 'leyes morales' y otro
'ceremonial' a fin de que Cristo, en su muerte, eliminara un grupo o
el otro? ¡En
ningún sitio!
Sin embargo, la sujeción a una Confesión que así
afirma sólo llevará a 'los obedientes' a estar atados
bajo el yugo de ley que Cristo ya quitó.
Pero, como la
Confesión de 1689 afirma que esos diez mandamientos son la 'ley
eterna' de Dios –cosa que la Biblia no enseña en texto alguno–,
las ovejas así instruídas viven seguras
de que, en su fe, están en y son esa "columna
y baluarte de la
verdad".
Claro está, que las ovejas, aunque responsables
de
estudiar la Palabra por sí mismas para así confirmar que
las cosas enseñadas son así, tienden a seguir la
instrucción y dirección de su pastor o pastores. Es algo
natural el que las ovejas sigan a su pastor. ¡Y los pastores
daremos cuenta a Dios según condujimos a Sus ovejas en la Verdad
de la Palabra, y si las llevamos a 'pastos viejos, no inspirados' de
origen humano. ¿Qué le
dirá a Dios un pastor que enseñó a las ovejas de
Cristo bajo su cuidado tal como ilustramos arriba... "Pero,
Señor, yo seguí los consejos de mis mentores en cuanto a
doctrina y las buenas Confesiones", ad infinitum? El caso
es que Dios nos
ha dado Su Palabra inspirada para que la enseñemos, y le vamos a
dar cuenta si lo hicimos o no. De esa no se escapa ninguno.
¡Tanto error
doctrinal que se enseña en el nombre de la 'gracia de Dios'! Y
esto de igualar la ley que Dios puso en el corazón de
Adán con el pacto de las 10 palabras dado en el Sinaí es
peor que un disparate. ¿Pudiera considerarse herejía? Es
posible. Es puro invento humano, plasmado en documentos que luego son
recibidos como si fueran enviados directos del cielo. Dios
nos
ha dado Su Palabra inspirada
para que la enseñemos; y le vamos a dar cuenta si lo hicimos o no. En otras palabras, lo que
creen
ser la verdad sólo
está plasmado en un documento de origen humano, no en la Biblia.
De nada valdrá hallarse suplicándole a Dios en el
día de juicio: 'Pero, Señor, tú sabes que
yo
creí con corazón sincero lo que escribieron tantos
siervos tuyos, y lo que me enseñaron los pastores tal y cual...
yo consulté con los líderes legítimos que estaban
sobre mí, etc., etc.'. Dios
juzgará sólo
según Su eterna Verdad, la Palabra de Cristo, y esa se
halla sólo en la Palabra inspirada. Y
la pregunta que sigue es
obligada: ¿De dónde en la Biblia sacaron esas 'dogmas' de
'la ley moral' o de que los 10 mandamientos son la 'ley moral de Dios'
que perdura sobre la iglesia y el cristiano individual? Sabemos que
toda ley de Dios es de naturaleza moral, mas, ese es otro asunto.
¿En qué parte de la Biblia se nos enseña que Dios
estableció una 'ley moral' y otra 'ceremonial', a fin de quitar
una y dejar la otra? En la Biblia cristiana no está, así
que será en otra ajena a la que Dios nos dio. Todavía no
la he visto ni tenido en mis manos. La respuesta es sencilla:
'De la Biblia no salen tales conceptos'.
No son otra cosa que
conceptos 'teológicos' [prefiero llamarlos
'humanológicos' por ser
su 'fuente de origen' la mente y el corazón humano]. Una cosa es
segura:
Definitivamente no son conceptos bíblicos. Sin embargo, afirman
que sólo se someten a la Biblia y que las Confesiones no tienen
autoridad sobre sus almas. ¿En qué quedamos, pues... Es
la Biblia nuestra fuente de autoridad o son los documentos humanos esa autoridad?
No
pueden ser los dos, pues, sólo hay
una fuente con autoridad
divina, y Esa es la santa Palabra de Dios. ¿Qué, pues,
ha venido a ser para los tales la base de esa
fuerte columna de la verdad? La respuesta es meridianamente clara:
La Biblia y la
'Confesión de fe' que expone e instruye a los fieles en 'la
verdad'. Con gran tristeza afirmamos que, sobre
los hombros de los líderes, pastores y maestros [los tales
auto-denominados 'líderes eclesiásticos legítimos]
cae la mayor responsabilidad por llevar a las ovejas bajo su cuidado a
depositar su fe en postulados doctrinales no enseñados en la
Biblia sino en las falibles 'Confesiones de fe', no importa
cuál sea. Concluyo
este ejemplo
recordando un incidente ocurrido hace muchos años en una
conferencia bíblica donde se trataba el tema del nuevo pacto en
la sangre de Cristo, pacto siempre recordado al participar la iglesia
de Cristo de la cena del Señor. [Vea mi libro, Esta Copa Es
El
Nuevo Pacto En Mi Sangre en nuestro sitio web, Voz de Gracia.com.] Nuevo
pacto en
la sangre de Cristo...
pacto siempre recordado al participar la iglesia de Cristo de la cena del Señor. Concluída ya una de
las sesiones, y entrados en un período en que los oyentes
podían hacerle preguntas al conferencista, uno de ellos le
preguntó: "Hno., ¿Por qué Ud. nunca
mencionó la 'ley moral' en su estudio?" Esperó
varios segundos y con amor respetuoso le respondió:
"Porque tal
concepto de división en la ley mosaica no existe en la Biblia.
Yo nunca la he visto. Dígame usted en qué pasaje
bíblico está y nos vamos allá para
examinarlo." Quien hizo la pregunta le respondió algo así:
"Bueno, yo
no sé dónde está (¡y era un pastor!), pero
sí sé que tal y cual autor lo explica de manera muy
clara y sé que la 'Confesión de fe' lo afirma de esa
manera." El evangelista le puso
punto final al asunto al asegurarle
a quien hizo la pregunta: "Si encuentra ese texto bíblico antes
de finalizar la conferencia, me lo hace saber y, con mucho gusto, lo
atenderemos." ¡Se acabó el tema! ¡No había
tema para hablar ya que no existen en la Biblia tales
categorías!
¡Sólo en la Confesión, el documento de origen
humano!
El maestro que enseñe a las ovejas de Cristo acerca de 'la ley
moral' o 'la ley ceremonial', hablando de las mismas como
categorías legítimas en la doctrina de Cristo,
está enseñando 'otro evangelio'. ¡Así de
sencillo... y trágico... aunque no comprendan lo que hacen! ¡No
había
tema para hablar ya que
no existen en la Biblia tales categorías! ¡Sólo en la Confesión! Para facilitarle su
búsqueda y comparasión, le diré que en la
'Confesión del 1689', el Cap. 19, sobre 'la ley de Dios', los
incisos 3 y 5 son los que dicen [de manera abreviada]: "3.
Además de esta ley [en el corazón], comúnmente
llamada ley moral..."; y "5. La ley moral obliga para siempre a todos,
tanto justificados como los demás...". No dice ni implica que esa 'ley' se describa así en la Biblia, sino sólo que así es que se le llama 'comunmente'. Sin ganas de ofender, pero con franqueza pregunto, ¿Y qué...? ¿Qué importan las modalidades o usos comunes que los mortales le demos a conceptos bíblicos o religiosos? Si el fundamento racional es que trata de algo 'comunmente conocido' de una u otra manera, entonces, ¿Por qué hallar falta en los usos conceptuales errados que abundan en las iglesias no cristianas? ¿Cómo criticar o censurar el uso de la 'tradición' en la iglesia catolica romana? Al leer las afirmaciones de dicho capítulo sobre 'la ley de Dios', verá que se crea una división artificial entre 'leyes ceremoniales' y 'la ley moral'. Es muy fácil ver que los 'diez mandamientos' son la porción de la ley que no se considera ser 'ceremonial', por lo que 'la 1689' afirma que los '10' son esa 'ley moral' que perdura para siempre. Una
vez asumida ('la ley moral'], se declara como obligatoria sobre todo
ser humano para siempre,
cosa que tampoco se enseña en la Biblia. Aún así,
muchos que así creen también enseñan en sus
iglesias que
el 4to mandamiento (del pacto] es ceremonial. Si ese fuera el caso...
que sea 'ceremonial'... entonces, ¿Por qué lo
implantan y observan si 'ya caducó'? Después de
todo, si
el sábado hebreo fuera ceremonial –es decir, parte
integral de la categoría de 'leyes ceremoniales'–
tendría más sentido que lo dejaran a un lado por lo que
es... caducado junto a las demás 'leyes ceremoniales' que,
según esa vertiente teológica, caducaron. Sin embargo, es
el sábado del 4to mandamiento el que con más fuerza se
busca implantar en las
iglesias que siguen las pautas de la 'Confesión de fe del 1689',
'Westminster' y otras. ¿Por qué? Entre otras cosas, lo
que ocurre es que introdujeron un cambio muy
sútil. Mudaron el sábado al primer día de la
semana, usando la terminología 'día del Señor',
que en sí es bíblica, en
lugar de sábado, mas, requiriendo la observación
estricta de ese 'nuevo día' con todos los rigores del
sábado
antiguo. ¡Y eso facilita el desarrollo de lo que conocemos como
la 'hipocresía de los fariseos'. Para nosotros, es un
día para adorar al Señor en el gozo y la libertad obrada
por la sangre de Cristo del nuevo pacto, sin el temor de violar
algún reglamento ya no existente de un pacto ya caducado. Ese
día Cristo resucitó, confirmando así que Su sangre
había satisfecho las demandas de la justicia de Dios;
habiendo traído la libertad que da el nuevo pacto... libertad
que no existía bajo el pacto antiguo [que fue hecho 'antiguo' en
Su muerte y
resurrección] de los 10 mandamientos. Tristemente,
los que
observan el domingo en el contexto de un sábado riguroso bajo la
ley mosaica lo hacen porque se les ha enseñado que esos 10
mandamientos 'son la eterna ley moral de Dios'. Algunas iglesias son
más estrictas en su disciplina dominical que otras... más
rigurosas en lo que se permite y no se permite. Nos asombra
cuánta variedad existe en esta área que uno piensa
debería ser igualmente observada por todas las iglesias
suscritas a tales Confesiones, por tratarse, según ellos, de
'leyes eternas' que no cambian. Los 'diez
mandamientos' son identificados en la
Escritura inspirada como el 'pacto
que Dios hizo con el pueblo de Israel en el Sinaí... ese viejo
pacto que desvaneció cuando Cristo murió debido a que él la cumplió a
perfección y
satisfizo en todas sus demandas. ¿Por qué es
que
tantos profesantes cristianos no pueden admitir con
espíritu humilde que la Biblia siempre habla de los 10 mandamientos en
términos de 'el pacto hecho en el
Sinaí' con aquel naciente
pueblo hebreo? Ni siquiera el arca
construído por mandato de
Dios, con el fin de darle albergue a ese pacto [las dos tablas de
piedra], llevaba el nombre, 'arca de la ley' sino 'arca
del pacto'. ¿Por
qué resistir esta verdad? ¡No es otra cosa que resistir a
Dios! En aquella caja sagrada colocada en el lugar
santísimo
–lugar que dejó de ser 'santísimo' el mismo instante en
que Dios razgó el velo de arriba abajo– no se colocó una
'eterna ley moral de Dios'. ¡No! Allí se colocaron las dos
'tablas de piedra' del 'pacto' hecho por Dios con su pueblo Israel. Y lo muy, pero muy triste
del caso es que ésto que acabo de afirmar es considerado por
cristianos
y pastores, algunos de los que conozco personalmente, como una afrenta
a Dios...
como algo a nivel de blasfemia. Si me dijeran que es
una afrenta a la posición teológica que ellos ven en una
Confesion de fe –la que sea– la fuente escrita que reglamenta la
práctica y fe de un cristiano, me declararía culpable...
y
cometeré esa 'afrenta' mil veces más cuando vea que la
Santa Palabra de Dios es subyugada a lo escrito en un documento
humano. Lo seguiré haciendo
mientras vea a sencillos y humildes creyentes subyugados a
líderes religiosos que asumen el papel de ayo disciplinario
sobre ellos, marroneándoles con las tablas de piedra sin cesar,
atándoles al terror de una ley ya caducada en vez de
llevarles a los verdes pastos de la Palabra, alimentados por la sangre de
Cristo del nuevo pacto. Lo haré siempre con amor, mansedumbre y la Verdad. La
Biblia siempre habla de los 10 mandamientos Llamarle a los 10
mandamientos 'ley moral eterna de Dios' es, en efecto, decirle a Dios:
"Yo no
acepto el nombre dado
en la Biblia a esos 10 mandamientos. Sé que se les llama el
pacto, pero yo sólo acepto que son la ley moral que perdura para
siempre sobre mi espíritu y la iglesia." Eso es
rebeldía,
aunque el rebelde no entienda cómo Dios ve su firme
resistencia
a lo declarado en la Palabra. Y lo triste del caso es que quien
así piensa y actúa se siente seguro y firme debido a que
se
fundamenta en lo que dice su 'Confesión de fe' preferida. Por
tanto, aunque afirmen mil veces que sólo se someten a la Biblia,
este tipo de árbol es conocido por su fruto. No comprender la seriedad
de
tal estado de cosas en un sector de la iglesia visible sólo
asegura un final trágico en todos los sentidos. Si el lector
encuentra estas palabras demasiado de serias o chocantes, le
preguntaré, pues: ¿Cuán
serio es ese estado espiritual en el que la Biblia
NO ES AFIRMADA como la ÚNICA FUENTE de nuestra fe ni es LA FIEL Y EXACTA MEDIDA de la ortodoxia doctrinal que se profesa en una
iglesia local, ni es la única fuente que establece esa "columna y baluarte
de la Verdad"?
¿Es asunto serio, o no lo es? Todos conocemos la
respuesta: Es pecado gravísimo ante Dios. Este
estado de cosas hay que declararlo... con amor,
respeto y compasión. En realidad, uno no puede permanecer
callado. Es un gran deber ante Dios "contender por la fe dada a los
santos", la cual, en todas las edades se pervierte de una manera u
otra. No hablamos de 'contención' en el sentido de peleas,
tensiones y conflictos humanos, sino "peleando la
buena batalla de la
fe" según las palabras de Pablo a su hijo espiritual, Timoteo [1 Timoteo 6:12]. Es
un gran deber ante Dios "contender por
la fe dada a los santos". Judas 3; 1Timoteo 6:12 Creemos que el conocimiento espiritual llega a través del estudio de la Verdad. Esa Verdad se halla SÓLO en la Palabra inspirada, y ésto, ¡sin excepción alguna! Por esto, queremos abrir la puerta a un genuino balance en estas consideraciones. Sepa el cristiano que lee estas líneas –y que no es bautista– que este documento doctrinal histórico [es decir: no inspirado de Dios] no es presentado aquí con el fin de convencerle a usted a que se "convierta" a bautista. Nuestra única meta es ofrecerle un "vistazo al documento histórico" y los principios doctrinales hallados en el mismo para que usted mism@ pueda escudriñar los fundamentos bíblicos históricos de las iglesias cristianas, en lo que a Confesiones se refiere, para su propia satisfacción y crecimiento espiritual. Y en la medida que esa meta se logre, gozosamente daremos toda la gloria a nuestro soberano Dios por tal obra de gracia. Los resultados que este
proceso pueda
provocar en su alma serán sólo por el soberano obrar de
Dios
en su corazón. Bien pudiera esta Confesión
de fe del 1646 proveer alguna dirección o ayuda a iglesias
de
Cristo
que deseen confeccionar su propia 'Confesión'
contemporánea, moderna, a la luz de la Palabra de Dios. Y, de
alguna iglesia local escribir su propia Confesión de fe, sepa
que ¡cualquier
"Confesión"
así desarrollada y que resuma fielmente las distintas doctrinas
bíblicas creídas en una iglesia local sería
tan legítima como cualquier otra
"Confesión"
histórica, créame! ¡Cualquier
'Confesión'
así desarrollada y que resuma fielmente las distintas doctrinas
bíblicas creídas en una iglesia local sería tan
legítima como cualquier otra 'Confesión'
histórica, créame!
Afirmar lo contrario sería un
acto
temerario –aunque aparente ser 'espiritual'– pues pretendería
levantar 'ídolos escritos, tradicionales' a los cuales
las iglesias y sus miembros deberán rendir pleitecía
mediante obediencia y sumisión a los mismos. Así,
la 'palabra
final' sería dictada por una Confesión humana y no por
la Palabra eterna. ¡Y es una trágica realidad que ocurre
hoy día en
muchas iglesias! Y lo que es más triste aún
es que quienes así creen y practican son los primeros en
negarlo. Y, eso lo entendemos. Le es difícil a nuestra naturaleza
caída admitir que hemos errado. Sólo la gracia de Dios
puede humillarnos y llevarnos a abrazar la Verdad que antes no se nos
había revelado. Hasta que la luz de Cristo ilumine a
tal
corazón, andará a ciegas, creyendo como verdad lo escrito
por seres humanos falibles sin poder entender o creer lo escrito en la
Palabra. Lo explicará y resolverá todo usando de su
lógica humana y razonamientos falaces. Diré más, y
es que estas 'Confesiones de fe' contienen, en su gran mayoría,
declaraciones resumidas correctamente de muchas verdades
bíblicas. Eso no se niega. Porcentualmente, las afirmaciones
bíblicas de
una Declaración como la del 1689 son muchas, lo más
probable sobre el 90%. Pero, el problema no estriba en que
haya un 10% o menos de contenido cuestionable a la luz de la Palabra
eterna, sino en que el documento, como tal, sea recibido como autoridad
doctrinal sobre las almas en las iglesias así sometidas. Aunque
fuere perfecta, al 100%, en su comunicación resumida de la sana
doctrina
bíblica, sigue siendo un documento humano no inspirado.
¿A cual se ha
de someter la iglesia de Cristo... al documento humano bien resumido, o
a la Escritura divina? De hecho, creemos que un
cuidadoso
estudio del documento en su totalidad le convencerá de que,
más
que ser un documento histórico bautista, es sencillamente un buen
resumen de las más básicas doctrinas de la verdad
enseñada
en la Biblia. Y entendemos que tal resumen de las verdades
bíblicas
bien pudo haber sido preparado por cualquier otro grupo de genuinos
cristianos...
sólo que en esta ocasión se trató de siete
iglesias
bautistas que querían afirmar públicamente y por escrito
las verdades que en su día ellos afirmaban ser 'la verdad de
la Palabra'. No fue para ellos la
'creación de un
documento con plena autoridad' sobre sus almas ni, mucho menos, un
intento de proveerle a futuras generaciones una 'gran confesión
de fe del pasado' a la cual podrían rendir pleitecía
y sumisión, sino un 'resumen actualizado de sus
convicciones'
tocantes a las doctrinas básicas de la Palabra de Dios a la
cual
ellos se sometían como la única 'autoridad sobre sus
almas'. Fue su testimonio al mundo pecador que les rodeaba de los
detalles de su fe cristiana. A continuación insertamos una
traducción de una
breve anécdota de interés sobre este tema de la
'autoridad
sobre el alma' de
documentos que no sean la Palabra de Dios. Además de tratarse de
un incidente histórico, es muy incisivo sobre este tema... algo
que nos debe poner a pensar un tanto sobre lo que estamos compartiendo
con el lector. El texto de esta introducción
continuará
más abajo, en este mismo color.
Nunca debemos olvidar que
la verdad
de Dios revelada en su Palabra no es de carácter
denominacional; es divina. Por eso, si una iglesia local
gusta
identificarse como 'confesional', que sea su verdadera y
autoritativa 'Confesión'
la Palabra de Dios... no un conjunto resumido, aunque de la manera
más breve, llamado 'Confesión de Fe'. Ese 'resumen',
esa 'Confesión', será influenciada por nuestra
humanidad y pecado que aún inciden en nuestras mentes y
espíritus. Si una iglesia
local gusta
identificarse como
'confesional', que sea su verdadera y autoritativa 'Confesión' la Palabra de Dios. Por esta razón, la Palabra
de Dios ha de ser
la única, consistente fuente de verdad a la que venimos
para beber agua de vida; no a los postulados de un documento
humano sino de manera directa a la Palabra eterna. Si una
'Confesión de Fe'
nos ayuda a resumir lo que en ese momento creemos ser la verdad de la
Palabra,
bien sea. Esa es su razón de ser. Mas, el momento en que una
'Confesión' [la que sea] se convierta en el documento rector
de nuestra fe y
práctica,
estamos en grave peligro; habremos sustituído en el lugar de
la
autoridad
plena de la Biblia la autoridad de documentos humanos,
no importa que así lo admitamos o no, lo comprendamos o no. Y
por lo
general, quien así hace no lo admite. Esa ha sido nuestra
triste observación de muchos años, por lo que no hablamos
sin conocer
lo que hemos visto y seguimos viendo. Esto es tan básico, sencillo y
claro
que nos sorprende que tantas almas no lo comprendan. O la Biblia es
la
ÚNICA fuente de autoridad sobre el alma, o no es. Si
dejéremos: "Pero, yo acepto lo que dice la Biblia... claro que
sí... ahora bien, según lo explica mi
Confesión."
Mi amigo, amiga, hermano o hermana, tales palabras revelan que
aún no ha comprendido que su consciencia y espíritu
están sujetados a un resumen humano de la Biblia y no a la
Biblia
misma. ¿Qué mejor ejemplo que lo ya dicho sobre la
supuesta 'eterna ley moral de Dios'? Insistir en que esa es una verdad
bíblica comprueba lo afirmado, ya que la Biblia no nos
enseña ni impone una tal llamada 'ley moral'. Es una
creación
humana, teológica, bien intencionada, seguramente, pero, de
creación humana. Además,
una 'Confesión',
por ser un documento ya publicado de años, puede limitar
seriamente el proceso
de crecimiento espiritual en la enseñanza
dinámica,
inspirada, cotidiana de la Palabra de Dios, según vimos arriba
en la
cita de la auto-biografía de Benjamín Franklin. Considere
ésto: un
documento humano –no importa las espirituales intenciones de sus
forjadores–
sólo reflejará las convicciones de sus autores en ese
momento particular de su historia natural. Si, luego, Dios
concediera más entendimiento y luz a futuras generaciones en
algunas de las áreas de doctrina consagradas en dicho documento,
les sería necesario afirmar ese nuevo y
más certero
entendimiento, echando a un lado lo que, mediante la
espiritual instrucción del
Espíritu de Dios, se ha llegado a conocer por lo que es, a saber:
¡error! No sería tal acción
el 'cuestionar la sinceridad e integridad espiritual de
los autores' sino sólo admitir que: "hemos
crecido en el conocimiento de la Palabra de Dios". "Hemos
crecido en el conocimiento
de la Palabra de Dios" Conocemos a
cristianos que
estiman tan "sacrosanta" una particular 'Confesión
de fe' que se les dificulta el poder aceptar que sea sólo eso:
un
documento humano sujeto a escrutinio ante la luz de la Biblia.
Ellos afirman
que dicha 'Confesión' provee 'continuidad y estabilidad
espiritual a la iglesia'. Son palabras reveladoras de un estado
espiritual en grave peligro... como un bote a la deriva en las aguas
vanas del
sectarismo humano. Si la Biblia, y solamente ella, es la
fuente de mi
fe, todo cambio que ocurra en mi conocimiento de élla
será
porque Dios me ha seguido dando luz y entendimiento. No
será
necesario cambiarla o editarla para atemperarla a la "verdad
aprendida"
que ahora es nueva para mí, pues, esa
Palabra de Dios es
perfecta,
es Verdad eterna... no cambia. Quien
cambió fui
yo...
fue mi entendimiento; pues, Dios me iluminó el alma para
conocer su
Verdad con mayor claridad y certeza. Su
Verdad siempre fue Verdad
perfecta y así seguirá eternamente; no cambia.
¿Es
ésta una declaración aberrada o sospechosa como para ser
catalogada como rebeldía a Dios o cosa similar? Claro que no. La Verdad de
Dios siempre fue Verdad perfecta
y así seguirá eternamente; no cambia. Sin
embargo, cuando se
pretende mantener
en un sitial de autoridad espiritual e histórica a un
documento
humano
escrito por pecadores –aunque sean salvos por la gracia de Dios–
dicho documento
adquiere una pseuda–autoridad inherente que rige los
corazones
de sus adeptos y, en efecto, llega a
sustituir la única y
exclusiva
autoridad de Dios sobre sus hijos a través de la obra de su
Espíritu
por medio de su Palabra, el único documento con
autoridad sobre
el alma. Además, si Dios les concede luz del conocimiento
de su Palabra que les muestre que hay error en su 'confesión',
o la tendrán que modificar –lo que mostrará la inherente
imperfección del documento– o rechazarán la luz de la
Biblia para
así
ajustarse 'fiel y consistemente' a los postulados de 'su
confesión',
errada o no. Tal curso de acción es muy peligroso. Sus
consecuencias son de carácter eterno. Y, me temo que he visto en mi entorno
–con
gran pesar en
mi
alma– ejemplos vivos de tal 'fidelidad equivocada, mal colocada'. Y
ahí no
faltará la hipocresía que tan fácilmente
engañará a los seguidores crédulos [significa que creen, sin cuestionar, cualquier cosa
que su maestro les enseñe como 'la verdad'] hasta aquel
momento en que se destape la vana superfluidad de esa supuesta vida
espiritual. Si el maestro vive engañado, sólo
podrá enseñar engaño a sus oyentes, no importa
cuán sinceramente piense que está
enseñándoles
gloriosas verdades bíblicas. Si el maestro
vive engañado,
sólo podrá enseñar engaño a sus oyentes, no importa cuán sinceramente piense que está enseñando gloriosas verdades. Es muy fácil
cometer el error
de decir –y conozco a quien así lo ha dicho a mi cara– "Ya yo estoy firme
en lo que creo, y nada que vaya a leer o estudiar ahora va a cambiar lo
que hoy creo ser la verdad". Son éstas palabras
asombrosas, en realidad, temerarias y arrogantes, pues desafían
toda futura posibilidad de crecimiento en el conocimiento de la
Palabra.
Y esto ocurre cuando elevamos al sitial de 'intocable y suprema
autoridad'
aquello que estudiamos en el seminario, leímos en libros o
afirmamos
como la 'Confesión' con autoridad sobre nuestra fe y
práctica... la Confesión que 'establece y asegura mi
ortodoxia'. ¿Cómo
podemos saber
si una 'Confesión' –sea cual sea– ocupa, en lugar de la
Biblia, el sitial de 'autoridad sobre el alma'? Es
muy fácil. Cuando un cristiano siente y expresa una
convicción
honesta sobre algo que la Biblia enseña –algo que ha estado
escudriñando
con corazón abierto y sincero– y recibe de su 'maestro o
guía
espiritual [entiéndase pastor]' una respuesta similar a
ésta: "Pero, mi
hno., mi hna., usted sabe que
la CONFESION se expresa sobre eso de tal o cual manera...", allí,
la 'Confesión' tiene la palabra final... es la fuente
que dicta lo que afirman es 'enseñanza bíblica'.
¡Punto! ¡Ni más, ni menos! Y si la respuesta fuere: "...Sobre
este particular el 'teólogo
fulano' o el 'puritano sutano' ha escrito así y así...
cosa que nosotros suscribimos..." etc., etc., es lo mismo. Conozco
muchas almas que han escuchado tales palabras de sus pastores o líderes
religiosos. Pregunto, pues, a cada maestro y ministro, incluyéndome a mí: ¿De quién somos ministros? ¿De Cristo
y Su Palabra santa, o de los falibles autores y escritos humanos? ¿De
quién somos ministros? ¿De Cristo y Su Palabra santa, o
de los falibles autores y escritos humanos?
Ejemplo de lo dicho sería
que
un cristiano se acerque a su pastor o maestro bíblico y le
pregunte: "Pastor, explíqueme qué es la 'ley moral' de
Dios de la cual Ud. predica".
Tome nota de la[s] fuente[s] a las que le llevará para
convencerle a Ud. de la existencia de dicha 'ley moral'. Considere
con
gran seriedad si esas fuentes son 'escritos de hombres' o si es la
Biblia. Si la respuesta apunta hacia cualquier documento que
no
sea la Biblia, y sólo élla, queda comprobado que ese
pastor se ajusta a lo
enseñado en dicho documento, sea cual sea. ¡La
palabra final en la controversia se habrá depositado en hombres
no
inspirados, sustituyendo así la autoridad de Dios!
¿Se
nos ha olvidado tan fácilmente la Palabra divina que afirma que
"todo hombre sea mentiroso, mas Dios verdadero"? ¡Y tan
fácil que sería -además de honesto- responderle a
quien pregunte así: "Veamos qué dice la Palabra
sobre ese particular
en tal y cual texto! Vayamos a la Fuente de toda Verdad".
¡Cuan refrescante sería escuchar tal honestidad espiritual
e intelectual de todos cuantos ocupamos los púlpitos pastorales! Cabe señalar que
la 'Confesión'
aquí mencionada –la del 1689– tiene como una de sus primeras
declaraciones
que el "veredicto de la fe" descansa, por la obra del Espíritu
de Dios, sólo en las Escrituras. En este aspecto, el
texto
de dicha 'Confesión' se autolimita perfectamente al decir
que sólo la Palabra de Dios es la fuente autoritativa de nuestra
fe. Somos los hombres los que le atribuímos,
erradamente,
una
autoridad y un peso a los documentos humanos fuera de
proporción
–muchas veces, creo, sin darnos cuenta de lo que hacemos– especialmente
cuando expresamos algún concepto doctrinal / práctico que
nos
gusta o que quisiéramos perpetuar entre los
creyentes... esas ovejas del rebaño bajo nuestro cuido
pastoral, no
importa
que otros creyentes puedan mostrarnos o tal vez ya nos han mostrado con
genuino amor cristiano que,
en
algunos particulares, tal o cual Confesión
refleja ideas
teológicas
propias de sus autores aunque muy contrarias
a la clara
enseñanza
bíblica. Somos los
hombres los que atribuímos,
erradamente, una autoridad, un peso fuera de proporción a los documentos humanos Hace pocos meses le
ocurrió
a este servidor que una iglesia, que por muchos años nos
había
apoyado de manera fiel y abundante, nos preguntó cuál era
nuestro sentir hacia la 'Confesión de Fe de 1689'. Sabiendo
que el interés de ellos [en realidad, de su pastor] estaba en el
tema de
los
pactos, a saber, el 'antiguo o pacto eterno' vs. el 'pacto
nuevo', en mi respuesta a ellos afirmé creer y practicar
en nuestro ministerio evangélizador la verdad encerrada en las
palabras
de Cristo durante la última pascua, cuando dijo: "Esta copa
es el nuevo pacto en mi sangre" [Lucas 22:20], así
como
las palabras de Pablo a los corintios, cuando les dijo que "Dios nos 'capacitó como ministros de un
nuevo pacto', no de
la
letra, sino del espíritu, porque la letra mata, pero el
espíritu
vivifica" [2
Corintios 3:6]. ¡Sólo eso respondí en cuanto
a una respuesta explicativa se refería... nada más! Dios
es mi testigo en ésto que les comparto. Sólo afirmé
creer en
la verdad de esas palabras pronunciadas por Cristo y por su
apóstol,
Pablo. ¿Acaso no es eso 'creer en la Escritura, la Palabra de
Dios, y ponerla en práctica'?
¿Por
qué, pues, no vieron mi respuesta con buenos ojos? Porque
mis palabras afirmaban una verdad que sólo tiene validez sobre
el
fundamento del nuevo pacto establecido por Cristo.
Ellos
ven
en la 'Confesión de 1689' una voz de autoridad espiritual
que promueve el pacto antiguo [para ellos eterno] –aunque ya caducado [vea nota más
abajo sobre el significado de 'caducado']– como 'ley'
sobre el cristiano de hoy, la supuesta 'ley moral' de la cual la
Biblia
jamás nos habla. Mis palabras
afirmaban una verdad
que sólo tiene validez sobre el fundamento del nuevo pacto establecido por Cristo. Ellos vinieron a envolverse [bajo la
dirección de ese nuevo y joven pastor] en una asociación
de iglesias que exige que sus iglesias miembros sean fieles creyentes,
seguidores y
promotores de la
Confesión de 1689. Esta no ha sido la única iglesia que
nos ha retirado su apoyo espiritual y provisión material debido
a tales razones doctrinales. Tal parece que no recuerdan ni les
preocupa que
el día
llegará en que darán cuenta a Dios, aun por quitarle el
sustento a quienes fielmente sirven al Cristo del nuevo pacto obrado en
Su
sangre. Eso es dar piedras en vez de pan a comer. Pero, el 'vivo celo'
de ellos por la Confesión los ciega de manera asombrosa. Su nueva postura confligía con
mi
afirmación
a tono con las palabras ya citadas de Cristo y Pablo, pues esas
palabras
hablan del nuevo pacto.
Era cuestión de yo dejar atrás lo que el Espíritu
de Dios me enseñó en Su Palabra, abrazándome a ese
documento humano que años antes traduje al español, o
perder nuestro apoyo financiero de muchos
años [la pérdida también afectó a un grupo
de
estudiantes becados en un Colegio cristiano en la vecina
República Dominicana a
quienes serví como instrumento de sustento de parte de Dios]. Es un triste día cuando
iglesias
llamadas cristianas, reformadas, bautistas, etc., exigen que los
misioneros que apoyan se sometan, junto a ellos, a otra fuente escrita
que no sea la Palabra
inspirada de Dios. Lo hacen por aquello de que debe haber consistencia
entre lo creído por una iglesia local y los misioneros que
apoya. Tiene lógica... tiene sentido común, claro. Pero,
con esa acción mostraron que les importaba más la
'bendita consistencia' en la sumisión a una Confesión
humana que el querer aprender lo que la Biblia enseña sobre el
particular. Igual nos ha ocurrido con otras iglesias de reciente
persuasión similar. Su estandarte es un documento humano, y
echan fuera a otros cristianos que escogen someterse sólo a la
Palabra. ¡Ese es nuestro delito! ¡Trágico! Importaba
más la sumisión a una
Confesión humana que el querer aprender lo que la Biblia enseña. Lo
curioso del caso es que los
anteriores pastores me conocían, y estaban en total acuerdo con
nuestras convicciones, ya que eran también las de ellos. El
cambio lo trajo un nuevo pastor quien pudo persuadirlos a un camino
distinto al que llevaban. ¡Todo por someterse a 'Confesiones de
fe'! Todo por complacer a la junta directora de esa asociación
de iglesias que ve en la '1689' su estandarte de la Verdad! Dicho pastor me aseguró que
volvería a considerar el libro de Gálatas luego de que le
señalara que sus palabras escritas, en el sentido de que "la
ley ES nuestro ayo", no son
compatibles con el testimonio
bíblico que
dice: "La ley
FUE nuestro ayo para
llevarnos a Cristo".
Le
insistí que 'ES' y 'FUE' no son iguales ni
similares... son
contrarios.
Admitió tener dudas sobre ese particular ya que no se
había dado cuenta sino hasta que lo mencioné en una carta
de respuesta. ¡Aleluya! Es penoso ver a un cristiano escribir y
publicar un tema bíblico cuyos textos claves, por su propia
admisión, contenían términos que no había
visto y mucho menos entendido. He dado este ejemplo,
pues,
con el único
fin de hacerle ver al lector lo que ocurre cuando la 'fe profesada'
tiene como ancla un documento humano, por bueno que haya sido o
siga
siendo. Cuando la Palabra de Dios es la
autoridad final en
asuntos
de doctrina, todas las 'Confesiones' se examinarán a la luz
de la Palabra, y no la Palabra a la luz de las 'Confesiones'.
Repito –en principio– algo ya señalado con otras palabras, a
saber: El fallo no está tanto en las 'Confesiones'
[aunque
sí tienen fallas y errores] como
en los humanos que las elevan a un lugar de autoridad en la iglesia,
aun contradiciendo claras afirmaciones en las mismas Confesiones
en el
sentido de que sólo la Escritura es la autoridad final de
Dios en todo. ¡Es evidente que decirlo y practicarlo son dos
cosas muy distintas
entre sí! ¡Sin duda! Cuando la
Palabra de Dios es la autoridad final
en asuntos de doctrina, todas las 'Confesiones' se examinarán a la luz de la Palabra. Es más, declaramos,
sin temor
alguno, que el momento en que una iglesia o cristiano en particular se
aferre, primero, a lo que expresa un documento de origen humano
antes
que
a lo que la Biblia enseña, ahí se apartó de
las
Escrituras.
Obviamente, hablamos de situaciones en que hay discrepancia entre lo
declarado en el documento humano y lo afirmado en la Biblia. Como
quiera que sea, aunque una Confesión llegara a ser 100% fiel a
la Palabra, nunca llegaría a ser Autoridad, pues hay una sola:
la Escritura inspirada. Sin embargo, ¡resulta asombroso
que haya cristianos que crean
sinceramente
que se puede propagar el 'evangelio de la gracia' dentro
del contexto de una Confesión que perpetúa el 'pacto
de ley',
las 'tablas de piedra' o 'tablas del pacto' según describe la
Santa Palabra. Insisten en que
predicarán el pacto antiguo [para ellos, el pacto eterno... los
10 mandamientos] como el
instrumento espiritual que llevará a los pecadores a Cristo,
convencidos de
que hacen bien debido a que no han comprendido
que Quien convence el
corazón es el Espíritu de Dios mediante la Palabra de
Cristo, y NO el
Espíritu de Dios mediante lo escrito en libros, ensayos o
'Confesiones de fe'. Quien convence
el
corazón es el Espíritu
de Dios mediante la Palabra de Cristo. No es tanto el aspecto de cuál
Confesión profesen ser el resumen de su fe, sino la perspectiva
teológica que dicho documento humano da por sentada como
fundamento de la iglesia de Cristo. Si examina con gran cuidado los
postulados de una Confesión 'histórica' de otros
creyentes, podrá saber si afirman que la iglesia descansa sobre
el nuevo pacto que Cristo obró en Su sangre o si revela su
posición como una que da lugar a la continuación en la
iglesia de elementos legítimos sólo bajo el viejo pacto
en tablas de piedra, también conocida como la ley mosaica. Si ve referencias al 'día del
Señor' y 'la ley moral de Dios' [dadas por sentadas]
es
probable
que no hallará declaración de que el nuevo pacto en
Cristo sea fundamento de la iglesia debido a que el modelo
teológico allí expuesto sigue lo que se conoce como 'la
teología del pacto', muy distinto a 'la teología del
nuevo pacto'. Esa teología necesita del 'pacto eterno' porque no
tiene cabida para un nuevo pacto en la sangre de Cristo que
sustituyó por completo al pacto sinaítico. Una
Confesión... nos informa qué lugar tiene, Hay iglesias que
afirman públicamente que siguen el nuevo pacto, mas, si se
examina la doctrina que predican y practican, uno se dará cuenta
de que realmente no funcionan bajo ese nuevo pacto sino bajo el modelo
de interpretación teológica que le atribuye al nuevo
pacto ser no más que una nueva administración bajo
Cristo
de un supuesto pacto eterno o 'pacto de gracia', el cual aseguran
comenzó en el huerto del Edén. Y eso no es funcionar
como
iglesia bajo el nuevo pacto, sino sólo tener un nombre que
incluye el término bíblico, 'nuevo pacto'. Ya que nombramos el huerto del
Edén y la supuesta relación que tiene con un pacto del
nombre señalado en el párrafo anterior, creo que es de
importancia y gran valor, aunque sea breve, señalar lo siguiente
sobre ese tema. A través de los años hemos leído
cómo algunos arguyen que Dios hizo un pacto en el huerto del
Edén, específicamente con Adán. A ese tal pacto le
llaman 'el pacto eterno' o 'el pacto de gracia'. De ahí llegan a
conclusiones que descartan los 10 mandamientos como un pacto de ley
severa que mostraba el pecado y 'mataba', [como escribió Pablo]
viéndolo más bien como un pacto de gracia para, entonces,
ver el 'nuevo
pacto' no
como uno nuevo sino una 'nueva administración' de ese
supuesto pacto de gracia o eterno establecido en el Edén.
¡Todo un esquema fraudulento ingeniado por el pecado del humano! Sin entrar en los múltiples
errores bíblicos de tal interpretación, sólo
queremos indicar que el 'texto base' para esta tesis es Génesis
3:15, que dice: "Y enemistad pondré entre
ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te
herirá en la cabeza, y tú le herirás en el
calcañar." Enseña esa posición
interpretativa que la afirmación, de parte de Dios, de que "la simiente de la mujer heriría en la cabeza a
la serpiente" fue un pacto eterno o de gracia con Adán...
así mismo lo hemos leído en escritos que siguen la
teología del pacto [eterno]. De que esas palabras de Dios se
refieran a la realidad de que, en Su plan eterno, el Mesías,
Cristo, vendría, moriría y obtendría la victoria
sobre el Diablo no hay la más mínima duda. En ese
sentido, fue una palabra profética que miraba hacia la venida
del Mesías. Pero, de ahí a decir que fue un pacto con
Adán hay que andar gran trecho, ya que esas
palabras fueron
pronunciadas por Dios a la serpiente: ¡no a Adán! Dios tuvo palabra condenatoria para
los tres personajes envueltos en ese primer incidente de pecado en la
creación que, hasta ese momento, había transcurrido en
santidad y perfección. 1. A la mujer le aseguró que pariría con dolor. Por tanto, 'establecer un pacto
eterno' con Adán en base a palabras dichas por Dios a la
serpiente realmente no nos parece tener base alguna en la Palabra de
Dios. Sin duda son muchos los que creen estas cosas; sólo Dios
podrá abrirles el corazón y el entendimiento para llegar
a conocer
la Verdad. Sólo Dios podrá abrir el corazón
para
entender que, con esas palabras, él no hizo un pacto con
Adán ni con la Serpiente
antigua... fue una palabra de maldición a la Serpiente. Salen en viajes misioneros y hacen
alarde de
que repartirán tantas y cuántas 'Confesiones de fe' a los
pastores a quienes visitarán.¿Es
que ir a evangelizar
sólo con la Biblia en el corazón y en la mano es algo de
rechazar... algo vergonzoso... algo que nos delate como
incompetentes?
Tal vez los que así hacen no comprenden lo que dicen y, sin
duda, el motivo debe ser uno bueno. Pero, si así fuere, entonces
Pablo fue un incompetente de primera categoría, pues, él
sólo predicaba el evangelio del
nuevo pacto. Y en caso de que alguien sugiriese que él no
enseñaba tales documentos porque no existían,
respondería
sin titubeo alguno que, no dudo que de haber existido 'Confesiones' en
aquellos
tiempos,
los hubiera "tenido como basura o
estiércol por ganar a Cristo". Sería bueno
recordar que en un momento dado, Pablo le pidió a Timoteo que le
trajera, desde Troas, su capote, sus pergaminos y libros
[2
Timoteo
4:13]. Era un hombre letrado, pero su vida, predicación y
epístolas siempre eran 'Cristo y nada más que la Palabra
de Cristo'. No creo que esos escritos [con la excepción de que
algún pergamino fuera copia de la Escritura conocida hasta ese
momento... lo que hoy conocemos como los libros del Antiguo Testamento]
fueran para nutrir
su predicación o afirmar su fe. Él descansaba
sólo
en lo que Cristo le reveló por el Espíritu Santo. Era un hombre
letrado, pero su predicación y
epístolas siempre eran 'Cristo y nada más que la Palabra de Cristo'. ¿Qué
semilla quiero dejar en
la tierra que yo visité... en las tierras donde me escuchan cada
día en nuestros programas radiales? ¿Lo mucho que
yo pudiera saber o mis posibles citas de autores del pasado cuyos
libros
abundan en mi biblioteca personal? [cosa que
no hago por temor a Dios] ¿El dominio que yo pueda
tener de tal o cual 'Confesión de fe', sea la del 1689, 1646, la
Westminster, etc., etc.? Le diré con profunda sinceridad y
humildad y no para jactarme, que: a mí sólo me
interesa regar la semilla de la Palabra de Dios. Aparte de ella Dios no obrará
nueva vida en corazones muertos.
Aparte de ella no hay esperanza para el que vive sin Dios. La
única semilla que Dios honra es Su santa Palabra. ¡Cuán hermosos son los pies que llevan
esa preciosa
semilla de la Palabra de Dios a los confines del mundo! Despierta, mi hermano, tú que
te precias por
tus conocimientos teológicos, por tu dominio y maestría
en la comunicación de cualquier 'Confesión de fe'. Toda
tu
obra
será en vano si no te dedicas 100% a llevar la Palabra
de Cristo sola, sin las Confesiones, los libros y
sin tus
autores y 'líderes
eclesiásticos legítimos' predilectos. Te reto a llevar
sólo a Cristo y verás la bendición de Dios. Que
tu sola arma sea la Espada divina; ella es
suficiente
para la obra
completa de salvación y santificación. Que tu sola
arma sea la Espada divina;
ella es suficiente para la obra completa de salvación y santificación.
Con mucho amor
también te diré: Si consideras que no
puedes o
no
debes predicar sólo de la Biblia, sino fundamentar
tus muchos
argumentos de enseñanza en fuentes externas a la Palabra
eterna
–como lo son todos los autores, teólogos, comentaristas o
'Confesiones de fe'– te sugiero que medites seriamente en el llamado
divino que profesas tener de parte de Dios. ¿Tal vez
servirías mejor al Señor en otra profesión?
¡Medítalo! Es asunto muy serio con consecuencias eternas. La
Verdad de Dios sólo es Verdad porque Si
ese mensaje o respuesta comunica sólo lo que Dios
habló, contarás con el favor de Dios. Pero si ese
mensaje
se nutre de fuentes que no sean la Palabra, sea cual sea el fin
buscado, no estarás llevando la Palabra eterna a los oyentes...
sólo lo que otros predicaron de la Biblia. Ruego que consideres
estas
palabras con gran seriedad, mi hermano en Cristo que eres maestro o
pastor. Te las hablo con el más profundo respeto por ti
así como celo por la santa Palabra de Dios. Me las hablo a
mí mismo primero. Es
una
dicotomía la noción de que el evangelio se lleva en el
contexto de las Confesiones o de la ley del pacto antiguo. El
evangelio
de la gracia entra al corazón y se perfecciona
allí
por la obra del Espíritu de Dios, no por los esfuerzos carnales
bajo la ley del pacto antiguo, los diez mandamientos, no importa que
los nombren con términos no bíblicos tales como 'pacto
de gracia' o 'pacto
eterno'.
Afirmar
lo contrario es negar la razón de ser de la epístola de
Pablo
a los cristianos en Galacia... y la de Hebreos. "¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado
por el Espíritu, ahora váis a terminar por la carne?". Gálatas 3:3 Estudie con gran seriedad la
epístola
de Gálatas. Medite en el capítulo 3:3 que
dice: "¿Tan necios sois? ¿Habiendo
comenzado por el
Espíritu, ahora váis a terminar por la carne?"
['carne'
se refiere al intento de agradar a Dios mediante la obediencia de
cualesquiera
de los requerimientos del ya caducado pacto
antiguo, las diez palabras
o mandamientos, la circuncisión, observación de
días –lo que incluye el sábado, y otros].
Quien
así llega a
conocer a
Cristo es colocado, generalmente, bajo la autoridad de una
'Confesión
de Fe' como si ésta fuese la palabra final en lo que a su fe
y obediencia a Dios se refiere. Y más trágico
aún
es que a esta postura generalmente le sigue la subyugación de
los
nuevos convertidos a una falaz autoridad espiritual, 'casi divina'
de escritores y teólogos del pasado cuyos escritos tan a menudo
fomentan dicha sumisión a una u otra 'Confesion de fe'
y a cientos de escritos humanos. ¡Qué pérdida de
tiempo! ¡Cuán aberrrado, en lo espiritual, es tal
proceder!
¿Para qué se congrega la iglesia de Cristo:
para saber
más de lo que otros creyentes escribieron, o para aprender a los
pies de Cristo lo que el Espíritu Santo nos recuerda de Sus
santas enseñanzas? Para muchos, el estudiar a otros
humanos tan
pecaminosos y mortales como los congregados es algo muy especial. Les
infla su ego... les levanta su estimación propia de lo mucho que
conocen de la literatura del pasado. He
estado de
visita en algunas
iglesias, que se rigen por la 1689, en que la fuente principal del
tiempo
dedicado al estudio bíblico es un libro de un respetado y
estimado autor. Bueno será el libro, sin
duda, pero... NO ES LA PALABRA DE DIOS.
En mi biblioteca personal, pastoral, tengo un nutrido surtido de libros
teológicos, comentarios bíblicos, etc., mas, al predicar,
sólo comunico lo escrito en la Biblioteca divina de 66 libros
que lleva por nombre, la Santa Biblia. Toda cita es de esa Palabra,
todo
ejemplo es de esa Palabra. No es cuestión de orgullo personal;
es asunto de mi responsabilidad tan grande a mi Señor y
Dios,
Jesucristo. Mejor sería callar que abrir mi boca para
alimentar
a las ovejas de Cristo del contenido de libros de origen humano. Toda cita es de
esa Palabra,
todo ejemplo es de esa Palabra. Como ejemplo, mencionaré varios
nombres de predicadores, siervos de Dios del pasado, que escribieron
muchos libros buenos. ¿Qué le parece si nombro al
hno. pastor Carlos Spurgeon, o a Arthur W. Pink? Sus escritos son buenos,
pues, en su día, Dios los usó. Pues bien, para este
ejemplo tomemos uno de
los libros del hno. Pink... 'Elías'. O tal vez, 'La
Soberanía de
Dios'. Los dos son excelentes. Las
verdades que estaremos
considerando en cada reunión de la iglesia surgirán del
texto del libro y también leeremos los textos
bíblicos mencionados, o al menos sugeridos. Pero, el texto
'guía' principal será dicho libro por el hno. Pink.
Por tanto, a
través de los meses, iremos estudiando ese libro hasta
terminarlo. ¡Qué bendición! Todos se gozan. Y sin
duda que muchos serán bendecidos por los temas
espirituales que fueron surgiendo durante nuestro estudio. Hasta
aquí... ¿todo
bien... o no? Existe un gran problema...
un
gravísimo error en todo esto.
Y es que la atención del
maestro y los congregados durante todos estos meses ha estado enfocada
en lo que escribió un hombre cristiano, buen siervo de Dios,
mas, un hombre no inspirado. ¡Ya! No dudo que de ser posible [y
sé que no lo es...] esos autores, siervos de Dios del pasado,
se
revolcarían en sus tumbas si pudieran saber que hay
iglesias, hoy día, usando sus libros como fuente de
enseñanza espiritual
en la
congregación de los santos. Ellos escribieron para la
edificación del individuo, basándose en la Escritura que
ellos predicaban en la reunión de los santos... no para que sus
libros tomen el lugar de la Palabra en el púlpito de la iglesia
de Cristo. Se
revolcarían en sus tumbas si pudieran
saber que hay iglesias, hoy día, usando sus libros como fuente de enseñanza espiritual en la congregación de los santos. Ya he mencionado que tengo una
biblioteca pastoral no tan pequeña. Supongamos que, de los miles
de libros que están en tablilleros en tres de las paredes de mi
oficina, yo decidiera: "Aquí tengo al menos unos 20 libros que
son joyas espirituales. Me propongo, pues, con la ayuda de Dios,
enseñar estos libros a la iglesia que pastoreo durante los
próximos años. De los varios cultos semanales
tomaré uno para realizar esta
meta, ya que deseo que las ovejas de Cristo bajo mi cuidado
conozcan las virtudes bíblicas de estos siervos de Dios
así como sus
libros". Se fijó que dije: 'Supongamos...', ¿No? Dios me libre de tal aberración en el santo deber como pastor de las ovejas de Cristo. No es asunto de sentir orgullo por decir que predico 'sólo la Palabra de Dios', como hace poco leí a un pastor escribir con referencia a esta forma de pensar que les comunico en estas páginas. Es asunto de que me avergonzaría ante Dios caer en el error de pensar que las fuentes alimenticias para las ovejas que tengo a mi cargo sean otras fuera de la Palabra inspirada de Dios. De haber algún pastor que predique sólo de la Biblia y que a la vez sienta orgullo personal por ello, en eso estaría pecando. Eso no agrada al Señor que nos llamó a llevar Su santa Palabra. Con sinceridad le diré que, en
estos momentos, ni recuerdo todos los
nombres de los autores de tantos libros que tengo. Eso no es de valor
alguno. De esos libros, algunos son muy
excelentes; otros son buenos o buenísimos, otros son
regularcitos y otros
tan pobres que sólo los tengo como referencia y evidencia de los
disparates que muchos cometen en el nombre del Señor. Todo libro
no inspirado palidece ante la suprema gloria y perfección de la
Palabra inspirada de Dios. Esa es
¡PERFECTA! ¡Toda gloria sea dada sólo a Dios! Todo libro
no inspirado palidece ante la
suprema gloria y perfección de la Palabra inspirada de Dios. En resumidas cuentas, a lo que voy es
ésto: En ninguna iglesia de Cristo debe ocurrir que el texto de
estudio sea uno que no fuere la santa Biblia inspirada de Dios. Que un
pastor recomiende a las ovejas algún libro que le ha sido
de bendición en su lectura personal... 'ese es otro cantar',
como decimos aquí en Puerto Rico. Si dicha recomendación
es atinada o no es otro asunto aparte. Y, sobre todo, cualquier
recomendación tal debería ser sólo para que esa
oveja lea ese libro en 'su casa', y 'a la luz de la santa
Biblia, la única Palabra eterna. Que la Palabra de Dios sea la
única palabra predicada debe ser la meta y ocupación de
cada iglesia verdadera de Cristo. Aquellos pastores que aman
a su
Señor y Salvador entenderán que son "dechados
de esa grey",
por lo que les consumirá su pasión por llevar a esas
ovejas solamente a la Palabra de Dios. No darán lugar a
que, al congregarse, se haga otra cosa que no sea la alabanza
legítima a Dios y Su glorificación a través de la
certera
comunicación de la Palabra eterna... directamente de esa Palabra
inspirada. No permitirán que otros pastores de otras
congregaciones actúen cual obispos sobre ellos, con una 'voz
cantante' en lo que lesa iglesia sujetada deberá enseñar
o hacer para controlar a las ovejas. Ese es puro jerarquismo, y hiede ante las narices de Dios [Ezequiel 8:17]. Pastores
así vendrán ante la
congregación
como si hubieran acabado de estar reunidos con Dios mismo. ¡Es que sólo Ella es
Palabra de
Vida! Cuán trágico que no todo predicador del evangelio
lo crea o practique así. ¿De qué me vale...
y
qué provecho traeré a mis oyentes si, a través
de un mensaje yo cito vez tras vez a fuentes que no son la Palabra,
cada vez diciendo algo así: 'Según ese gran
teó...logo, fulano de tal'... o, 'Nos dice el puritano tal y cual
una preciosa verdad'? No niego que en nuestro estudio personal hayamos
podido ser edificados espiritualmente en la Palabra por algo que
leímos en un libro no inspirado. Ocurre, y debe ocurrir. Pero,
hacer de esas fuentes parte del alimento espiritual para las
ovejas... ¡que no se nombre ni ocurra entre nosotros! Sin
embargo, ocurre; ¡y mucho! El bien que recibí, ¿Fue de ellos o fue del único y verdadero Dios soberano de Quien ellos me hablaron en sus páginas escritas? Entiendo lo que sería alguna mención breve, a modo de un sincero testimonio, de algún siervo de Dios del pasado. Pero, no es a eso a lo que nos referimos, sino a la acostumbrada cita de los escritos o de los mensajes grabados como si ese contenido fuera la fuente espiritual de dónde habrá de venir el bien a las almas que escuchan. Imagínese que, luego de yo –como pastor– haberle enseñado a las ovejas bajo mi cuidado unas sencillas y claras doctrinas de la Palabra que hablan de la necesidad de la evangelización, que me entere, luego, de que uno de los miembros salió de la iglesia con tanto fervor evangelizador que, a la primera persona que vio en la calle, le comenzó a hablar de Cristo. Hasta ahí... bien. Pero, se me informa también que ese miembro hacía ahinco en el evangelio que le hablaba a ese pecador, en varias ocasiones afirmando que lo que decía era la verdad porque su pastor así se lo había enseñado en la iglesia. Sirva ese sencillo ejemplo para ayudarle a ver que, cuando las fuentes humanas, extra-bíblicas se traen a la predicación con todo el peso y autoridad como si fueran bíblicas, se ha hecho lo mismo que ese sencillo hermano quien, en su afán por evangelizar, creyó equivocadamente que citar a su pastor era una metodología de lo más correcta, siendo realmente, todo lo contrario. Para que no quede duda alguna en su espíritu sobre lo que estoy diciendo, le daré otro sencillo ejemplo... ¿Qué
valor o poder espiritual
imprimirá al mensaje el que yo esté nombrando a estos siervos del pasado? Supongamos que estoy por predicar una
serie de mensajes sobre el Salmo 119. En ese proceso de
preparación espiritual, mi lectura básica y principal
será la misma Palabra... vez tras vez, hasta sentir que mi alma
es poseída, literalmente, por el contenido completo de dicho
Salmo. Ahora bien, en mi biblioteca tengo unos cuantos comentarios y
libros de estudio sobre los Salmos, incluso uno muy excelente sobre un
Salmo
específico, el 119. Así que, aprovecho para
también leer, aunque sea por encimita, lo que esos siervos de
Dios escribieron en sus libros sobre el tema. Puede ser que lea
algunas cosas con las que discrepo, en cuyo caso le dejo un breve
comentario al margen de la página [¡para eso son
los
márgenes!, ¿no?]. En
otros casos, es probable que lo leído me edificó de
forma genuina. El asunto es
que, cuando llegue el momento de dar inicio a la serie de mensajes,
pudiera ser que, en la introducción a los mensajes, tal
vez dé fe, honestamente, de que mi alma ha sido bendecida
durante el tiempo de estudio y preparación. Al afirmar que la
Palabra de Dios ha sido, es y será mi única fuente
de inspiración sobre el tema, podría también
señalar que he sido bendecido por varios mensajes impresos
ofrecidos por el hno. pastor C.
Spurgeon en la iglesia que pastoreó en Londrés a finales
del
siglo pasado. Lo mismo podría decir de algún otro siervo
cuyos mensajes o escritos me hayan sido de verdadera bendición y
ayuda espiritual. Ahora bien, en el caso de que haya hecho tal señalamiento como he ilustrado arriba, hasta ahí llegó. ¡Punto! Lo que leí de tal y cual siervo de Dios fue para mí. Fue como si me transportara al momento en que predicó 'en vida' ese mensaje. Pero, ahora soy yo el vaso de barro llamado para hablarle a las ovejas frente a mí; y será sólo la Palabra de Dios. Jamás me escucharán
decir, ni debería
ningún predicador de Dios decir algo así: "Mis hermanos,
sobre esta
preciosa verdad, el hno. tal o cual de tal tiempo y lugar ha escrito
lo siguiente sobre este punto..." Jamás
deberán escuchar
palabras así: "Sobre este tema que hoy estamos considerando,
creo que nadie se ha expresado tan bien y con tanto poder como ese
siervo de Dios y poderoso teólogo, el Dr. tal y tal." Ahora soy yo
el vaso de barro llamado
para hablarles, a las ovejas frente a mí, sólo la Palabra de Dios. El púlpito es para que el
pastor local, o visitante, alimente a las ovejas que le escuchan sólo con la Palabra de Dios y
no con lo que otros
enseñaron a sus ovejas o tal vez sólo escribieron en un
libro de teología. Ahora bien, estoy seguro de que tiene
que
haber
predicadores y pastores cristianos cuyas referencias a otros siervos se
limiten a un breve testimonio personal al inicio de un mensaje,
según
ilustré arriba. Pero, la realidad es que hasta el día de
hoy, rara vez he escuchado tal uso breve de nombres de otros
predicadores en esa manera. Por lo general, el
uso común es
tomar lo predicado o escrito por otros y alimentarlo a las ovejas como
si fuera 'la comida de hoy', calificación que sólo
le
pertenece a la eterna Palabra de Dios. En ésto nos dan a entender que
de veras creen que su
prédica
tendrá más 'impacto espiritual' en los oyentes
si el contenido de la misma se nutre en gran medida de 'pastores
y maestros venerables',
sabiendo nosotros, a través de la Palabra, que el genuino
impacto
al corazón sólo puede venir de las Escrituras, y
sólo
a través de la obra del Espíritu. Y si no
fuere el caso uno de sincero convencimiento de que tantas citas de
predicadores del pasado serán para el bien espiritual de los
oyentes, tendríamos que preguntarnos, pues, "¿Y
cuál es su meta y propósito? ¿Dar la
impresión de lo mucho que leen... de los muchos libros que
poseen, etc., ad infinitum?" Lleva
sólo la Biblia contigo... no lleves
ni
instruyas a tus oyentes en las Confesiones o en otros escritos o mensajes de humanos. Pon ante los
ojos y
oídos de tus oyentes a Cristo en lugar de esos hombres
que te
fascinan y asombran. Recuerda que no existe
'autoridad
eclesiástica
legítima' fuera del Espíritu de Dios. Además.
recuerda que no hay
fundamento verdadero que no sea lo escrito en los 66 libros inspirados.
El único instrumento humano que ha de intervenir entre esa
Palabra de Dios y el oyente eres tú, mi hermano pastor,
evangelista o laico, y sólo como un vaso de barro, ineficaz que
somos todos, comenzando conmigo. A modo de ejemplo personal, hace
algunos años me ocurrió algo muy revelador mientras
predicaba la Palabra de Dios fuera de mi país. Iba en un
vehículo en compañía de varios hermanos en Cristo,
pastores en sus respectivas iglesias. Uno de ellos, a quien ya yo
conocía como un pastor cuyas creencias se ajustan a una
'Confesión de fe' muy particular, la del 1689, de momento me
preguntó:
"Hno. David... ¿Qué autores y libros está Ud.
usando en sus prédicas sobre el libro de los Salmos?" Dios
es mi
testigo de que esa fue su pregunta a este vaso de barro. Sin
ánimo alguno que no fuera un
espíritu humilde de amor cristiano, le respondí:
"Realmente, mi hno., aunque tengo en mi
biblioteca muchos comentarios muy buenos sobre el libro de los Salmos,
nunca uso a los mismos en mis
predicaciones, salvo la lectura que yo haya podido efectuar en
mis momentos de estudio personal. No los cito, así sea el autor
o su libro... y la razón por ello es sencilla: sólo
quiero comunicar lo que el Espíritu de Dios escribió; es
ésa la única fuente que puede obrar en las manos de Dios
para hablar a las almas". Le indiqué que evitaba referir
a los
oyentes a libros y autores ya que, así, les daría la
falsa esperanza de que lo que escribieron o aún escriben tiene
'autoridad
espiritual' hoy día... que es alimento espiritual para sus almas
a la par con la Palabra inspirada. ¡Dios nos libre de tal ofensa
contra él" Sólo
quiero comunicar lo que
el Espíritu de Dios escribió. El
silencio que siguió a mis comentarios fue de
esperarse. El
tema de conversación fue cambiado rápidamente por ese
amado hermano en Cristo. Mi respuesta había tocado muy de cerca
a su experiencia personal y la de muchísimos más.
Respondí sin ofender... fui manso,
mas, sé que toqué en algo sensitivo que, para los que así
practican, es causa de ofensa, cuanto menos, de incomodo. Mas,
la
verdad del caso es que, a pesar
de poseer esa amplia y excelente biblioteca teológica ya aludida
antes, mi predicación no ha de
conducir los 'ojos
de las almas que me escuchan' a otro lugar que no sea esa inspirada
Biblioteca divina de 66 libros que Dios nos ha dado, a saber, su santa
Palabra, la Biblia. Y si eso no es bienvenido en una iglesia llamada
'de Cristo', pues, el Señor me llevará a otra donde
habrá almas esperando oir nada más que la Palabra
eterna, tal como aquellas almas en la casa de Cornelio que esperaban,
hambrientas, oir Palabra de Dios de su emisario que estaba ya en
ruta hacia ellos: el apóstol Pedro. Evito, a como dé lugar, el
levantar en alto a los tales 'hombres venerables'.
Es nuestra opinión que tal
práctica denigra la
auténtica
autoridad única de las Escrituras.
Es alimentar a las
ovejas con 'migajas viejas' que, en su tiempo, seguramente fueron panes
sabrosos
y alimenticios. Y ésto no es otra cosa que la sustitución
de lo
espiritual con lo humano. Y lo triste del caso es que
muchos
de los que así hacen, creen –aun con genuina sinceridad– que
sólo
están comunicando la Palabra de Dios. Es alimentar a
las
ovejas con
"migajas viejas" que, en su tiempo, seguramente fueron panes sabrosos y alimenticios. En la sinceridad de
muchos de esos pastores no dudo en creer; mas, su sinceridad no
cambiará su errado proceder. No pueden
comprender
que la Palabra que están comunicando la
están 'filtrando',
primero, a través del cedazo de siervos de Dios del pasado y
'Confesiones
de fe' de origen humano... y a veces 'Confesiones' que mantienen
vivo lo que Cristo mató con su muerte en la cruz, a saber, el
antiguo pacto, las diez palabras, las tablas de piedra dadas en el SINAÍ... ¡NO EN EL EDÉN! Es un patrón, un
estilo en
que cayeron cuando dejaron de someterse a las Escrituras como la
única
regla autoritativa sobre sus conciencias y almas. Estos novedosos
conceptos llegaron a fascinarlos,
cayendo en la trampa con suma
facilidad. Es una
tragedia;
es una práctica que lleva a muchos pastores y líderes
espirituales
así convencidos a regir las conciencias de las ovejas bajo su
cuidado
con mano dura, sujetándolas a sí mismos o a quienes
ellos, a
su vez, están sujetados o, cuanto menos, a sus dictámenes
que,
usualmente, suelen ser meras implementaciones de normas
tradicionales,
humanas
que ellos han elevado para sí mismos al nivel de 'autoridad
divina, bíblica'. "¿Quién
os fascinó
para no obedecer
a la verdad...?" Gálatas 3:1 Tal fascinación lleva a muchos,
me
temo, a
tropezar
en la oscuridad de su propia vanidad y orgullo. Recuerdo un triste caso
que escuché con mis oídos y vi con mis propios ojos
cuando un joven
pastor, muy animado, declaró a los presentes en una conferencia
a la cual asistí como oyente, que, 'cual vaquero del oeste de
los EE.UU., venía armado con sus
dos pistolas' [entiéndase las armas de su
predicación], a saber: dos específicos pastores y
escritores a quienes nombró con obvia satisfacción y
orgullo. ¡Cuán trágico! La iglesia anfitriona le pagó el pasaje aéreo, le dio alojamiento y ofrenda de amor para que, a fin de cuentas, las ovejas recibieran alimento viejo de otros siervos de Dios actuales y del pasado. Le hubiera salido más económico a la iglesia anfitriona imprimir copias de lo que se leería, y así, repartir a los oyentes. Recibirían lo mismo, ni más ni menos. No comprenden que con tal actitud y proceder se autoproclaman como incompetentes para comunicar la Palabra de Dios... son meros ecos, 'estaciones repetidoras' de lo que otros predicaron o escribieron. ¡Cuán trágica realidad carcome las iglesias visibles! ¡Cuán trágico que se trate, en gran medida, de iglesias que se glorían de que predican la doctrina de la gracia! ¡Si fueran 'repetidoras de la Palabra, otra cosa fuera! Incompetentes
para comunicar la
Palabra de
Dios... son meros ecos, 'estaciones repetidoras' de lo que otros predicaron o escribieron. Fui testigo de lo mucho
que
leyó, palabra por palabra, de esas dos 'pistolas'. Apenas
hubo, si alguna, exposición y aplicación bíblica,
y era precisamente eso lo que necesitaban las
almas de los pastores y demás familiares presentes ese
día. No dudo de la sinceridad de su motivación, mas, allí
no se sembró semilla
eterna de la Palabra,
¡sólo balas viejas de unos pobres y viejos vaqueros no
inspirados! ¡Muy diferente a la Espada
del Espíritu de
Dios! Y ese joven pastor ni se inmutó
al declarar
tan abiertamente que su mensaje sería, básicamente, lo
que sus admirados y amados predicadores habían predicado en el
pasado.
¡Triste comentario sobre lo que llenaba los ojos y
fascinaba a ese
predicador! Ni se avergonzó de admitir en público que
sus fuentes serían hombres admirados por él en lugar de
la Biblia.
De hecho, se dejaba sentir cierto orgullo de poder decir:
"Voy a
predicarles lo que mis 'superiores' ya han predicado," al menos
así fue que se percibió desde mi lugar en la sala de
reunión. Y digo
más:
"Quienes no disciernen la hipocresía y el orgullo carnal que en
tales situaciones se exhibe padecen del mismo pecado y darán
cuenta a Dios por ello". Todo este tipo de
situación es
el producto de religión evangélica que descansa
más en documentos humanos que en la Palabra inspirada. Se
les olvidó que la fuerza salvadora viene sólo del
Espíritu de Dios, no de nuestros esfuerzos por impresionar con
lo
que otros predicaron, escribieron o creyeron. Seguidores se
producirán; y a veces en grandes números, mas, plantas
espirituales sólo se verán cuando se siembre la simiente
de
la Palabra y Dios la bendiga con Su rocío celestial. Se
les olvidó que la fuerza salvadora viene
sólo del Espíritu de Dios, no de nuestros esfuerzos de impresionar con lo que otros predicaron, escribieron o creyeron. Quisiera agregar aquí una
breve
nota 'al calce' sobre este muy definido esfuerzo por impresionar al
oyente con la supuesta sabiduría y brillo de esos antiguos
autores no
inspirados. Pienso que no se han dado cuenta de que, con tal proceder,
realmente comunican a las ovejas que los escuchan la noción de
que, quien
en ese momento ocupa el púlpito, realmente no se
considera ser un ministro capacitado por Dios. Y así no es el
ejemplo
bíblico... ¡garantizado! No tenía escuela... era
zapatero de oficio... de los muy rudimentarios. Pero, Cristo era su
gloria, su gozo, su esperanza. Y hasta el día de hoy hay
hermanos aquí en PR que recuerdan su humildad y sencillez al
traer la palabra, obviamente no letrado en la escuela, pero poderoso al
ser usado por Dios para llegar a las almas. Una de esas personas es mi
único hijo varón. Cuando lo recuerda, siempre es con
mucha emoción. Recuerdo cómo –hace
muchísimos años, aquí en Puerto Rico– un pastor a
quien yo conocía me insistió un día en que ciertas
porciones de la epístola de Pablo, Efesios, no se podían
enseñar a cristianos muy jóvenes e
inmaduros. En específico se refería al cap. 1 y 2. Para
ese tiempo ya él llevaba más de diez años
como
pastor del mismo rebaño de ovejas. No podía
comprender que el responsable principal por el crecimiento de las
ovejas de Cristo, a través de la alimentación espiritual
que procede de la Palabra, es el pastor -él- por lo que, admitir
que "no
había ovejas maduras como para recibir o tolerar esa Palabra de
Dios en Efesios", luego de 10 años, era una tácita
admisión de su fracaso
personal como pastor aunque así no lo comprendiera. No podía
comprender que el responsable
principal por el crecimiento de las ovejas de Cristo, a través de la alimentación espiritual que procede de la Palabra, es el pastor. La realidad es que, 'no hay porción bíblica que no esté al alcance del creyente más sencillo', ya que es el Espíritu Santo quien enseña al corazón. Las verdades más profundas las escribieron los apóstoles a los cristianos de su día, en su mayoría recién convertidos. Por
eso es que darle tanta
prominencia a autores, pastores y teólogos del pasado, sus
libros y Confesiones, etc., como parte de su predicación en la
iglesia, no es sino un clarísimo
indicador de
que tal predicador no se ve a sí mismo como un vaso útil
en las manos de Dios, capacitado como ministro del nuevo pacto. Su
fascinación con otros siervos de Dios le ha incapacitado
para medir sus propias acciones con la vara espiritual de la Biblia por
lo que,
siendo mero "eco" y "repetidor" de lo que otros dijeron o escribieron,
cree haber escalado las alturas de lo que él entiende,
erradamente, es el 'ser un gran
predicador'. Un sencillo ejemplo de tal tipo de
contradicción, sea a sabiendas o por ignorancia, es el caso de
la
predicación del muy conocido pastor londinence, Carlos Spurgeon.
Él escribió y predicó con gran ahinco el evangelio
de Cristo, llamando al arrepentimiento a todo pecador. Escribió,
entre muchísimos libros, uno muy sencillo que se intitula 'El
Ganador de Almas'. Dicho escrito ha sido utilizado por cristianos
que no aceptan la gracia soberana de Dios en Su elección de
pecadores a salvación según su santa voluntad para
tratar de probar que Spurgeon enseñaba y practicaba la teoría del
libre
albedrío. Mas,
la realidad fue todo lo
contrario. Él sabía que era mandato de Dios el que se
predicara el evangelio a toda criatura a la vez que todo pecador estaba
obligado por Dios a creer en Cristo como Señor y Salvador.
También creía y predicaba las enseñanzas de la
Palabra sobre la doctrina de la elección. He leído uno de
sus mensajes sobre ese tema, y no cabe duda de que fue un fiel
comunicador de todo el Consejo de Dios, la doctrina de la
elección incluída. No fue un predicador expositivo, en el
sentido propio de la palabra, sino uno que predicaba usando de temas
que arrestaban la atención. Pero, sus temas siempre
provenían de las Escrituras, las cuales siempre expuso fielmente. Yo poseo la colección de mensajes predicados por C. Spurgeon; es bastante abultada... muchísimos libros. Están en los tablilleros de mi biblioteca. A veces leo uno de sus mensajes, y siempre me edifican. Pero, nunca ha entrado al púlpito conmigo alguno de los mismos ni siquiera una cita de allí. Él era un pecador salvo por la gracia igual que lo soy yo. La fuente de Verdad para los dos fue y es la Escritura. ¿Voy, pues, a hablarle al alma de un oyente lo que Spurgeon dijo o escribió, o lo que Dios nos dijo a ambos a través de la Palabra inspirada? Se cae de la mata la respuesta. Lamentablemente, muchos aún no lo entienden. Mejor le fuera ser mecánico o agricultor. Pero, ¿Predicador de Cristo? ¡Así no! Si yo quiero 'oir' a Spurgeon, para eso tengo sus libros [y son muchos]. Pero si yo quiero oir y enseñar la Palabra de Dios, sólo la Biblia funciona. Lo demás viene a ser sustituto de la Palabra... viene a ser basura en comparación.
Los demás autores vienen a ser predicadores que me hablan por medio de sus mensajes y estudios escritos. Mas, la función del predicador genuino es encaminar a sus oyentes hacia la Palabra de Dios y, cuando así lo hayamos logrado, habremos cumplido la encomienda de 'levantar en alto al Pastor de los pastores'. Yo, como pastor y siervo de Dios del día presente quiero ser como los fieles siervos de antaño, a saber: llevar a los que me oyen a los pies de Cristo... no a los pies de esos viejos predicadores y sus escritos. ¡Sólo así honraré al Señor que me llamó! Pienso que si esos siervos de Dios, ya con él, supieran que los han elevado como fuentes legítimas de sana doctrina, querrían volver por varias horas para censurar a los que así han hecho y darles una buena 'cogida de cuello'. ¡Claro que, no es más que una hipótesis imposible! Lo cierto es que, aquellos siervos no tendrán que hacer nada, pues, Dios se encargará de ello en su santo y perfecto juicio. La
función del predicador genuino es encaminar
a sus oyentes hacia la Palabra de Dios. Esa práctica de
elevar a los siervos de Dios del pasado [y a veces del presente
también] como fuentes de sana doctrina, en vez de
edificar
al nuevo
creyente en la Palabra, sólo va formando un 'legalista religioso
riguroso',
sujetado a lo que hombres del pasado creyeron, con muy limitada o
ninguna libertad de
espíritu para encaminarse por un sendero de aprendizaje y
crecimiento
en el Espíritu. Fomenta, además, un constante
temor diario de que en algo pudiera desobedecer la ley de Dios e
incurrir
así su ira, particularmente en lo que a la 'observación
del día del Señor' [entiéndase el sábado,
el cual
ha sido mudado, según alegan, al primer día de la semana:
alegato sin fundamento bíblico alguno] se
refiere. Así, la
adoración pública y privada llega a ser, tan a menudo,
una
muy rígida, estructurada, muy sombría en donde, en lugar
de
haber libertad y gozo del espíritu –cosa que algunos de los
tales ven como algo carnal–, permea la noción de que mientras
más
seria y 'piadosa' la reunión y más 'controladas las
emociones
genuinas
del alma' en la adoración privada y pública a Dios,
mayor la aprobación de Dios a la adoración que le
están
ofreciendo. ¡Cuán equivocados están! No todos los
que están dentro de los círculos eclesiales sujetados a
la teología del pacto actúan así. Lo sé...
y ¡gracias a Dios por ello! Pero,
¡muchos sí! ¡Es una piedad falsa, fabricada!
Sé de almas que han sido tan afectadas por este tipo de control
que han tenido que irse de la iglesia local donde eran miembros,
llegando algunos a necesitar ayuda
sicológica debido al control mental ejercido sobre sus almas por
líderes que los sujetaban con la vara de ley y con las
Confesiones. Son casos tristes, ¡y no son pocos! La vara de Moisés
hiere y mata; el yugo del Señor es liviano; levanta el alma. Son
mutuamente excluyentes. Cristo quitó lo viejo y
estableció lo nuevo en su sangre. Rechazar esa tan gloriosa
verdad es rechazar la enseñanza medular del libro de Hebreos...
en fin, del Nuevo Testamento [pacto]. La vara de
Moisés
hiere y mata;
el yugo del Señor es liviano; levanta el alma. Son mutuamente excluyentes. Vivimos en días en que algunos cristianos –sinceros en su afán, por cierto– creen que la 'herejía mayor' que pueda cometer un creyente es el poner en tela de juicio o cuestionar algo que una 'Confesión de Fe' asegura 'es la verdad'. Creemos, con corazón sincero ante Dios, que ninguna 'Confesión' está por encima de la Biblia ni ha de ser consultada como 'la palabra final' en asuntos de doctrina bíblica. Que sirvan como un resumen de lo que afirmamos creer, como una ayuda en la controversia, pero, palabra final...¡JAMÁS!. ¿Por qué,
pues, ofrecer
en esta sección el texto de otra 'Confesión de Fe'
histórica? Se hace con el único
propósito de
proveerle a usted, nuestr@ amig@ o herman@, un vistazo
histórico
a lo que cristianos bautistas de hace varios siglos se atrevieron
declarar
públicamente
como su fe y práctica... a sabiendas de que tal
afirmación
les podría costar sus vidas, aunque temporalmente experimentaban
cierta bonanza social traída por el Rey de turno. En ese momento
histórico,
dicho documento no era más que su honesto resumen de la
verdad bíblica conocida,
creída y practicada por ellos en ese momento. Acerca del mismo no estaban
declarando:
"ésta es nuestra Confesión a la que nos sometemos"
sino "estas palabras expresan de manera resumida lo que afirmamos
es la verdad de las Escrituras a las cuales estamos sometidos."
Se hace con el fin de que usted pueda alcanzar más
conocimiento
de la historia natural de la iglesia de Cristo y, así, llegar a
ser
fiel hij@ de Dios en el día presente por haber puesto su fe
completa en las Escrituras inspiradas y no en documentos humanos. Estas palabras
expresan de manera resumida
lo que afirmamos es la verdad de las Escrituras a las cuales estamos sometidos. Creemos que es imperativo
ofrecer balance tocante al conocimiento de estos documentos
doctrinales
humanos. Quien se topa por primera vez con la 'Confesión
de Fe de Londres del 1689' debe también saber que no fue
éste
el único documento tal; debe saber que ésta fue
precedida,
por unos cuantos años, por la versión original,
bautista,
del 1644[46]. De hecho, hubo ediciones antes de esa y varias más
después de la misma y antes de la del 1689. Las perspectivas doctrinales entre la
'1646' y
la '1689' son, en
algunos
puntos, diametralmente opuestas, particularmente en lo que a la ley de
Dios –el pacto antiguo y el nuevo– se refiere, así como
las
normas
que bajo estos dos pactos fueron y siguen siendo aplicadas por muchos
al pueblo de Dios. La del 1646 es, además, más clara y
abundante
en sus declaraciones tocante al evangelio de la gracia en Cristo. Además, debemos
afirmar, en espíritu de honestidad histórica, que hubo
buenas y
bíblicas 'Confesiones de fe' de otros grupos que antecedieron
ambas Confesiones
ya señaladas. Estas dos no fueron ni son las
únicas 'Confesiones de fe' bautistas, ni mucho menos las
únicas
si tenemos en cuenta la gran variedad de denominaciones. Lo señalamos así porque, al
escuchar lo que algunas iglesias expresan sobre la Confesión de
fe del 1689, 'su norte' en asuntos de fe y práctica, uno bien
pudiera pensar que es la única que existe y que cuenta con el
favor y bendición de Dios. En
nuestra
biblioteca tenemos libros que recogen textualmente muchas de esas
antiguas Confesiones, algunas extendidas, otras cortas. Estas dos no
fueron ni son las
únicas 'Confesiones de fe' bautistas. Cuando en la década
de los
'70 este servidor tradujo al castellano la 'Confesión de Fe
de Londres del 1689', lo hizo en momentos en que la iglesia que
pastoreaba
se encaminaba a confeccionar su propia 'Confesión'.
Al llegar a nuestras manos la del 1689 –en inglés–
sentimos
que el trabajo anticipado se nos había hecho más
fácil:
ahora sólo era cuestión de traducir, darnos a la tarea de
estudiar el documento completo y presentar dicha 'Confesión'
a la iglesia para su aprobación o rechazo. Y así se
hizo.
Se estudió durante un año y se adoptó.
Hasta
ahí, todo bien. Mas, el pasar de los
años en
el estudio y la enseñanza de la Palabra de Dios comenzó a
darnos más agudeza en el conocimiento de la Palabra. Comenzaron
a aflorar áreas de doctrina en donde ahora veíamos que,
a veces, la 'Confesión' confligía con la Biblia.
Gracias a Dios que él nos había librado de colocar dicha
'Confesión' en un lugar de autoridad sobre nuestra
conciencia.
Él nos había guiado a conservar la convicción de
que, la
Biblia,
y élla sóla, era nuestra autoridad. Estábamos
atados a la Biblia
–¡y ésto sólo por la gracia de Dios!– y no atados a la 'Confesión'. Es ésa nuestra
actitud hacia
las 'Confesiones'. Pueden ser muy buenas, útiles y nos revelan
la sinceridad de las convicciones de quienes con gran
dedicación
las escribieron. Podemos usarlas con legítimos
beneficios
espirituales, pero, eso sí, en su lugar: sujetadas
a la
única autoridad, la Palabra de Dios, la santa Biblia. Los creyentes de una
época
en particular enfrentan muy definidos y específicos ataques de
parte del maligno a su
fe, sus iglesias y sus personas. Por
ésto, el
énfasis, enfoque y contenido de sus 'confesiones'
podrá
ser muy distinto al de 'confesiones' escritas en otra época,
otro país, otra cultura. En ésto nos referimos al
mayor
o menor peso que algunas doctrinas recibirán, así como a
las aplicaciones locales de dichos preceptos. Es por ésto
que hay gran peligro en atribuir 'autoridad bíblica'
a una 'Confesión' histórica, así sea autoridad
implícita, tradicional o declarada.
La Palabra de Dios es nuestra única fuente de verdad; es eterna,
es nuestra regla de fe. Cuando élla es el fundamento y
base
de nuestra 'Confesión', dicha 'Confesión'
será siempre un fiel reflejo de la Palabra de Dios en cualquier
época, en todo lugar y ante cualquier error prevaleciente. Y es
la Palabra de Dios... y solamente élla, la que instruye y
fortalece a la iglesia de Cristo para que realice su llamado de ser un
'baluarte de la verdad'. Ninguna 'Confesión de fe' humana tiene
esa capacidad y encomienda, no importa que un comentario sobre la misma
lo aseguré de esa manera. 'Sola Escritura' es la
enseña. La Palabra de
Dios es nuestra única fuente
de verdad; es eterna, es nuestra regla de fe Poseo, en mi biblioteca, un libro
muy extenso que es una
reproducción fotolitográfica de un original del siglo17.
En el mismo se ofrecen muchas asombrosas historias gráficas
de la matanza de cristianos en regiones entre Italia y Francia,
mayormente bajo la persecución de la iglesia católica
romana. También se ofrecen, en su litografía original, un
gran número de 'Confesiones de fe' de iglesias individuales de esa
región. Atrae la atención el hecho del mucho
énfasis en 'el pecado de los salones de baile' y ciertos juegos
de
azar,
algunos de los que hoy gozan libremente muchos cristianos. Sin embargo,
para ellos eran actividades pecaminosas, y así se recoge en sus
'Confesiones de fe'. En otras palabras, estos documentos ocurren
en el contexto de la vida de iglesias particulares, por lo que
muchas
áreas de aplicación doctrinal serán muy distintas
a las de creyentes en otros lugares y otras edades. Cierto es que la
Verdad de la Palabra nunca variará: es eterna, perfecta,
inmutable. Mas, cuando creyentes la aplican a sus vidas, lo hacen de
acuerdo a sus convicciones y éstas podrían cambiar o ser
muy distintas en otros lugares, por lo que elevar a nivel de 'rector de
la ortodoxia doctrinal cristiana' a tales documentos es un grave
error... ¡en muchos sentidos! Teniendo en mente todo lo
arriba expuesto, le ofrecemos la
histórica 'Confesión de Fe de Londres de 1644[46]'
para que usted tenga la oportunidad de estudiar la doctrina
bíblica allí
expuesta,
comparándola con su fuente autoritativa, la santa Biblia.
Lo único que pretendemos es que usted, al estar mejor
informad@
sobre estas cosas, pueda llegar finalmente a saber que su alma y
conciencia
están sujetadas a la Palabra
y no a documentos humanos, sean
del presente o del pasado, por buenos que sean y por sinceras que hayan
sido las intenciones de sus autores. Que lo que cree y practica sea
porque la Biblia se lo enseña y no porque una Confesión
humana se lo requiere. Lo único
que pretendemos es que usted... pueda llegar finalmente a saber que su
alma y
conciencia
están sujetadas a la Palabra y no a documentos humanos.
Esta
'Confesión de
Fe' [1646]
consiste de la primera parte principal, y de un apéndice
más
breve escrito por un siervo de Dios de aquellos días,
Benjamín
Cox. Cuando comenzamos esta traducción, lo primero que ofrecimos
fue dicho
apéndice en su
totalidad. Gracias a Dios, la traducción del
documento se
completó y está disponible para su lectura y escrutinio.
Le invitamos a que
la imprima para así poder conservar
el documento de manera más permanente. Sobre este asunto de
'traducciones',
queremos asegurarle a usted, muy distiguid@ y apreciad@ visitante...
¡es
más, queremos garantizarle!... que lo que leerá es y
será
una fiel y muy honesta adaptación a nuestra lengua
castellana. Estemos
o no de acuerdo con cada detalle del documento original –
¡recuerde
que es de origen humano!– practicamos en VGC la honestidad
literaria e
intelectual. El documento es uno de carácter
histórico,
por lo que alterarlo, ya sea quitando o agregando a su contenido,
sería
faltarle no sólo a su historicidad sino también al lector
del mismo, ya que estaría leyendo sólo lo que nosotros
hayamos
decidido debería ser su contenido. ¡Cuente usted con que
habremos
de ofrecerle una honesta y fiel traducción a nuestra lengua! Es
nuestro deber. En la medida que
encontremos fuentes
para otras "Confesiones de fe" que han sido preservadas para
nuestro provecho –y que sean en español, ya que en
inglés
existe una vasta colección publicada– le iremos
informando
y proveyendo el URL para que las pueda obtener, estudiar y
comparar entre sí y con la Biblia. Le ofrecemos estos
dos URLs de la Confesión
de Fe de Londres de 1689
y Confesión de Fe Bautista
para que, a su
conveniencia, la pueda leer,
estudiar y escudriñar a la luz de las Escrituras. También
puede hallar varias otras Confesiones o Declaraciones en la nueva Biblioteca Gracia Soberana, sitio web amigo y hermano nuestro. Aunque
Dios nos
concedió la
tarea de traducir dicha Confesión del 1689 durante la
década de
los
'70, le advertimos que algunas ediciones que aparecen en la web pueden
haber sido
modificadas por lo que no respondemos textualmente por
las mismas. Algunos errores
ortográficos aparecidos en nuestra primera edición han
sido
corregidos , cosa que vemos con buenos ojos. ¡Gracias! En
otros casos, el documento ha sido separado del nombre de su traductor
–con todo lo que tal acción implica– por lo que dejamos tales
situaciones en las manos del Dios que todo lo ve y juzga con santo y
perfecto juicio. Siéntase en la
libertad de
enviarnos sus comentarios o preguntas usando nuestro formulario de
carta electrónica.
Nos reservamos el derecho de introducir correcciones y modificaciones
en la medida que podamos apreciar su necesidad. Le
estaremos
muy agradecidos por cualquier error que usted traiga a nuestra
atención
en ese buen espíritu ayudador que, sin duda alguna,
caracterizará
sus aportaciones al respecto. A continuación, pues, la Confesión 1646 [con su página títular]; le sigue la página título del Apéndice a la Confesión de 1646 seguido del texto del mismo. ¡Qué le aproveche a su alma!
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